Diarios de la FIL 0: Si hay que ir se va
Vuelve una de las secciones que mayores fanes y detractores tiene (estos últimos basta con que la omitan de sus lecturas), los Diarios de… En ellos, Lorenzo Herrero, nuestro director, nos cuenta como se viven las ferias internacionales desde dentro. No son tan importantes las noticias, sino las experiencias. Publishnews y Publishers estarán en Guadalajara y Lorenzo se dispone a vivir su primera FIL
FIL Guadalajara 2024, día 0
Me desperté temprano y nervioso. Levantarme temprano no es una novedad, pero lo de estar nervioso me preocupaba. Lo comenté en casa y también se sorprendieron, yo llevo ya muchos viajes internacionales a mis espaldas… Quizá sea la escala en Dallas y mis malas experiencias pasadas con los servicios de seguridad estadounidenses.
Lleve a mis peques al colegio, me despedí de ellas con todo el amor que uno puede mostrar a primera hora de la mañana y como afectuosa respuesta me encontré un «¿nos vas a traer algo de México?, a lo que Manu respondió «que no sean libros». Aún sigo sin entender porque se pasan el día mustias cuando su madre se va a cenar fuera o llega tarde del trabajo y mis viajes las generan esa indiferencia. Lo de que no sean libros lo puedo entender, a cada feria que viajo vuelvo con un montón de libros que difícilmente encontraría en España, incluyendo libros infantiles. Ellas los agradecen pero, por repetido, se ha convertido en costumbre.
Tempranito, aunque el vuelo saliera a las 13:00, marché para el aeropuerto. Voy con una pesada maleta en la que lo que menos ocupa es la ropa. Las revistas de Publishers pesan bastante, pero soy consciente de que van a gustar y mucho. Estarán por toda la feria, pero si, por algún casual, no la encuentras, no dudes en buscarme y solicitármela.
Pero vamos a lo importante, tras facturar y fumarme el preceptivo cigarrillo en la terraza habilitada al efecto en la T4, me dirijo a la terminal satélite, para encontrar mi puerta de embarque. Cuando me voy acercando a ella, una señorita de American Airlines me aborda para preguntarme mi nombre, lo consulta en una lista y, ¡oh, sorpresa!, me toca pasar un control de seguridad. En este caso, al menos, no se atrevieron a denominarlo aleatorio. Desconfío de la aleatoridad de estos controles cuando cada vez que vuelo al extranjero el control aleatorio me toca a mi..
Otra vez toca desprenderse de toda dignidad, de los zapatos, mostrar entero tu equipaje de mano, airear esos calzoncillos que uno lleva por si, casualidades de la vida, se extravía tu maleta; dejar que te pasen una tirita que detecta drogas y explosivos por la cintura, los calcetines, las manos… Lo único bueno, es que ese procedimiento te hace perder tiempo entretenido, supongo que si llevas explosivos o drogas se vive de otra manera, y ameniza la espera.
La espera
El vuelo estaba programado para las 13:00, y el embarque para las 12:15. Llegada la hora de embarque un mensaje por megafonía: El embarque se retrasará media hora por motivos técnicos. ¡Mierda! Paseo, mono de tabaco, ansiedad que da hambre… Pasada esa media hora escuchamos otro mensaje: Seguimos trabajando en solucionar la incidencia, en 20 minutos les actualizaremos información. Puntuales, a los 20 minutos, repitieron el último mensaje. Ya llevábamos más de una hora de retraso.
El personal de American Airlines se desvivía en dar explicaciones, algo que se agradece, pero… Sí, las explicaciones eran que había una pieza rota del avión y que tenían que repararla. ¡Qué tranquilidad! Como un león enjaulado deambulo por las inmediaciones de la puerta de embarque, no puedo coger el trenecito para ir a fumar, tendría que volver a pasar el control de pasaportes, es más de una hora de trayecto y dicen que ya tienen el repuesto de la pieza.
A las 15:30, el personal de tierra de la aerolínea nos comenta que el próximo aviso es el definitivo, o embarcamos o nos cancelan el vuelo. Comienzan los nervios. La gente busca cambio de billetes, algunos están muy enfadados y hablan de manera bastante despectiva a las personas que nos ofrecen información… Yo sigo deambulando, espero que cuente como ejercicio de cardio. ¡Embarcamos!
La odisea del avión
Llego al avión, estoy en última fila, y me dispongo a un largo vuelo. Mi mente se pregunta si a la hora que llegaremos a Dallas merece la pena ir al hotel para estar en el aeropuerto de nuevo a las 5:30 de la mañana. Pero mis preocupaciones pronto cambiarán.
Suena un mensaje por megafonía, el piloto nos informa que, por normativa la tripulación tiene unos horarios limitados de trabajo y que, debido al retraso, no nos da tiempo a llegar a Dallas. Nos vamos a Nueva York. Ahora sí que doy por perdido el hotel. Pero bueno, llegaremos a Nueva York en Acción de Gracias. De allí a Dallas, y luego para Guadalajara según lo previsto.
20 minutos sin que el avión se mueva, y llega otro mensaje, tenemos demasiado combustible para aterrizar en Nueva York… La situación ya parece una comedia de enredo. Van a intentar quitar combustible. Vivo confiado, he visto como gente chupaba gasolina del depósito de un coche (robaban, claro, no es que el coche tuviera demasiada gasolina para llegar a Alpedrete), se puede hacer.
Pero no, no se puede hacer. Sobre las 18:30 termina el culebrón, vuelo cancelado, llevo 9 horas y media en un aeropuerto, me siento Tom Hanks en La Terminal. Como a un grupo de refugiados nos reciben a la salida del avión con sándwiches y botellas de agua. Se agradece pero poco. Vamos a recoger nuestras maletas, que tardan en salir, y nos llevan en un autobús a un hotel cercano al aeropuerto.
El enfado se nota entre el pasaje. Enseguida empiezan a aparecer entes sospechosos que quieren crear grupos de whatsapp para ejercer una denuncia contra la compañía y exigir una compensación. Se hacen pasar por pasajeros pero yo tengo claro que pertenecen a una de esas empresas que se dedican a gestionar demandas. Yo me aparto y llamo a American Airlines explicándoles que necesito estar en Guadalajara mañana. Finalmente, tras mucho insistir, me recolocan en un avión de Aero México que vuela mañana (para ustedes hoy), a Ciudad de México y, desde allí, a Guadalajara.
Prueba superada, solo acumulamos un retraso de 10 horas, una noche de hotel en Madrid, algo nuevo para mi, y una historia que contarles. Ahora sí, o eso espero, nos leemos desde Guadalajara.
