Diarios de Bogotá 1 Sentirse querido
Van ya tres años seguidos en Bogotá, tres años contándoles sorpresas, comidas, fiestas… Creo que es el momento de que este diario evolucione y, a través de estas crónicas diarias, tratando de mantener la esencia profundicemos más en los recovecos y conversaciones que la industria tiene en eventos como este.
Ojo, lo del párrafo anterior no deja de ser una intención, este humilde servidor de ustedes viene ya tras bastante tralla de Buenos Aires y es posible que vuelva a recaer en vicios del pasado.
Una habitación diferente
Empezamos bien, aterricé tarde el sábado en Bogotá y me dirigí al hotel de la feria. Allí me dieron mi habitación rápidamente. Sin estar acostumbrado aún con los interruptores de la luz empiezo a juguetear con ellos hasta que llego al baño… No paro de tocar el interruptor y la luz del baño no se enciende… Enseguida una llamada suena en mi cuarto, algo muy raro. Al descolgar una voz me pregunta si estoy bien, si necesito algo. Le contesto que sí, que muy amable, solo que no encuentro la luz del baño. Su respuesta es sencilla: «está justo al otro lado de donde ha pulsado, ha pulsado el botón de emergencia» ¿Qué? ¿Qué botón? ¿Por qué? Cuando por fin consigo dar la luz del baño me doy cuenta de que me han dado una habitación con un baño adaptado, no hay ningún borde en el espacio de la bañera, tiene una silla, muchas barras en todos los espacios del baño… Lógico que tenga un botón de emergencia. ¡Qué vergüenza! Gracias a Dios han llamado desde recepción ¿Se imaginan que entran a ayudarme y me encuentran desesperado pulsando un botón que no tiene nada que ver con la luz? Otra anécdota más para el diario.
Sentirse arropado
Año tras año repito que estar en Bogotá es como estar en casa. El cariño con el que trata la FILBo a sus invitados es algo de otro planeta. Es algo que se siente desde el momento en que vas a solicitar tu acreditación a Aurelie. Ciertamente puede haber mucho barullo, mucho jaleo, pero siempre dispuesta, junto a su equipo, sin perder la sonrisa y respondiendo a todas tus preguntas te acredita y, además, te entrega una preciosa bolsa de la FILBo que en esta ocasión además de la programación, una libreta y una pin de la FILBo incluye la revista especial Publishers que, gracias al equipo de Sevilla (Mil gracias a todos) hemos conseguido tener a tiempo para la inauguración y que tantos parabienes me está reportando. Parabienes que llegan gracias a que la FILBo ha decidido que la revista formaba parte de la feria, y es algo que me enorgullece muchísimo. Sentirse arropado, sentirse querido. La FILBo y su equipo tienen algo especial que hacen que yo, cada año, reserve estas fechas y no es otra cosa que el amor que le ponen a su trabajo que, aunque cansado y a veces complejo, no les borra la sonrisa de la cara.
Aprendizajes rápidos
Es mi tercer año pero este me he dado cuenta de una cosa… La FILBo cambia pero la disposición de los estands no. Parecerá una tontería pero en una feria grande saber donde están determinadas editoriales facilita mucho. Esto no ha surgido así de repente, pero al ir a buscar a viejos amigos me he topado con Luis Alejandro de Caballito de Acero y tras saludarle le he dicho «Tío, qué suerte. Te ha tocado más o menos donde el año pasado». Me ha mirado raro y me ha comentado que ellos reservan el espacio hasta seis meses antes de la Feria y que se les permite mantener el del año anterior… Me parece una iniciativa maravillosa que, por supuesto, solo se puede llevar en ferias donde la distribución es en pabellones; en otras ferias como las que podemos estar acostumbrados en España, de venta al público, y de organización lineal, el sorteo es justo y necesario.
Un pabellón bien pensado
Sí, me refiero al pabellón de España como País Invitado de Honor. Seguramente no debería hacer esta apreciación pero he de reconocer que el pabellón español en la última FIL de Guadalajara no me transmitió nada, me pareció una librería extraña e incómoda. Sin embargo, el de Bogotá tiene una lógica en el diseño que invita a pasearlo, a conocerlo, a visitarlo hasta desembocar en una librería, bien organizada, con una muestra curada que no abruma… Si he de ponerle un pero es al espacio denominado «tapas» que es un bar con productos españoles… Hay extrañas mezclas que se pueden dejar pasar como la tortilla de patatas con mojo picón. Sin embargo, hay una línea en esa carta que me revuelve el corazón. Sí, podría ponerla aquí, de seguidito y que pase desapercibida. Pero no, se merece un punto y aparte.
Arroz con chorizo español y rabo de toro cordobés
He puesto arroz porque no recuerdo muy bien y juraría que el infarto no fue total porque no ponía paella. No obstante, por Dios bendito no es muy español que digamos y, por supuesto, no le ponemos chorizo español (vaya usted a saber qué variedad) a una paella. Lo del rabo de toro tampoco es que sea como muy habitual pero como ahora la moda es meterlo hasta en las gyozas pues vete tú a saber.
Tras una primera jornada de descubrimiento de una nueva edición de la FILBo y de muchos saludos, besos y abrazos, marcho a la cama que mañana es día de globos y arrancamos nuevo podcast con un autor colombiano… Ah, y no quiero perderme el desayuno del hotel que aquí siempre es delicioso
