Diarios de la FIL 3. Como una ola
Un día más Lorenzo Herrero, nuestro director, nos cuenta como se viven las ferias internacionales desde dentro. No son tan importantes las noticias, sino las experiencias. Publishnews y Publishers están en Guadalajara y Lorenzo nos cuenta esta aventura.
Pánic0
Hoy, ya tras una noche tranquila, me levanto relajado, me ducho, organizo la mochila y bajo a desayunar. Sin embargo, rápidamente entro en pánico. Cuando me dirijo a decir la habitación en la que me encuentro alojado mi voz parece salir de un lugar perdido del averno. En la FIL se habla mucho, pero parece que los aires acondicionados me han jugado una mala pasada. Espero que solo sean estas primeras palabras de la mañana y que el café, el agua y el zumo, relajen la garganta lo suficiente como para grabar 8 entrevistas: Socorro Venegas, Lluisa Matarredona, Cecilia Fanti… Puff, pánico en el túnel.
Conociendo Perú
Resulta curioso como en una feria como la FIL puedes viajar en cuestión de segundos. Tras visitar al equipo de Zebralution en el estand de Alemania, en menos de un minuto me planto en Perú. Parece una forma perversa de compensar la odisea para llegar de Madrid a Guadalajara. A la delegación peruana le ha gustado mucho la revista de Publishers y algunos de sus miembros quieren más ejemplares. Siempre es una alegría, creo firmemente que, aunque falte aún mucho por hacer en cuanto a comunicación, tendré que poner más el ojo en el mercado peruano del libro. Charlando con ellos me doy cuenta de que hay editoriales muy interesantes haciendo muy bien las cosas por aquellas latitudes
El podcast
Milagrosamente la voz me aguanta y, he de decir, que ha sido uno de los días de grabación en esta larga historia de podcasts que más cómodo me he sentido, en las entrevistas, que podréis ver pronto, se nota la relajación, la química con las entrevistadas. Creo, y espero, que ellas también han estado a gusto. Toca darse un caprichito e ir a comer para relajarse un poco antes del segundo asalto a la feria, con reuniones y eventos en los que participar.
Una extraña comida
Vuelvo a mi restaurante de referencia en los alrededores de la FIL bien acompañado. Allí, todo el mundo que está comiendo lleva su gafete de la feria. Supongo que habrá que medir las palabras ya que las paredes puede oír. La comida, como siempre, deliciosa, pero la conversación me ha resultado especialmente incómoda. No sé si es el cansancio, o simplemente que estoy más sensible, pero vuelvo a la FIL con cierto mal cuerpo. Sí, normalmente están acostumbrados a leer cosas bonitas, divertidas, todo parece una gran fiesta. Pero estos viajes también tienen sus momentos complicados, a veces las cosas no salen tal y como uno las planea, y, en medio de lo que hoy los jóvenes llaman hype, cualquier tontería puede pincharte el globo y dejarte, al menos por un rato, descolocado. Pero bueno, lo importante es que hay que seguir trabajando, ya habrá tiempo para reposar las cosas, hacer análisis y, seguramente, darse cuenta de que esa sensación que ahora tienes y te resulta molesta simplemente es descoloque por algo inesperado.
Quo vadis Argentina?
La embajada de Argentina en México ofrece un cóctel en un hotel cercano a la feria en el que presentarán algunas cifras de la edición argentina. Los ponentes son representantes de la Cámara del Libro, de la Cámara de Publicaciones, y de la Feria del Libro de Buenos Aires. El descoloque de la comida no es nada con la sensación que me invade en esa presentación. Me cuesta entender como los editores permiten que el gobierno argentino, representado por la embajada, ocupe un espacio que pagaron ellos, por el que no recibieron ninguna ayuda. Las cifras son las que son, y no faltan los reclamos por la perdida de ayudas gubernamentales para la internacionalización de la industria del libro argentina. No obstante, los ponentes son muy moderados a la hora de criticar la política cultural argentina, algo entendible desde su posición. Por suerte, hay turno de preguntas, y, a riesgo de salir expulsado de la sala y del cóctel, me armo de valor y pregunto por si existe una estimación de cifras a futuro teniendo en cuenta la violencia económica sistemática que ejerce el gobierno argentino contra el sector cultural y, de manera especial, el editorial. Algo que, por supuesto, yo no achacaría a ignorancia o despiste si no a una política de asfixiar las voces disidentes. Ya se sabe, frente a la subversión, subvención o palos. Sabía que la pregunta iba a ser polémica, no hacía falta más que ver el rostro de la embajadora, lo que nunca pude esperar es un aplauso por parte del público presente en la sala. Al final, lo que saqué en claro, es que la censura también se puede ejercer de muchas maneras, no solo prohibiendo libros, y que de ese auditorio yo era el único que podía expresar lo que todos estaban pensando, yo no me jugaba el futuro de mi empresa.
Una noche memorable
Hay noches curiosas, y noches memorables. Esta fue de las segundas. Llegué a Impronta Editora, un lugar que no debería perderse nadie que ame los libros y que viaje a Guadalajara, una casona vieja a las orillas de la colonia Americana en Guadalajara que además de albergar la editorial, hospeda una imprenta y taller de tipos móviles y linotipia, una librería, y una sala de exhibición de arte. Había una fiesta, pero me equivoqué de fiesta, no era la de Impronta Editora, esa sería mañana. No obstante me encontré con colegas, tomamos unas cervezas y, de repente, me entró el hambre.
Mexicanizando
El hambre es una enfermedad de rápido contagio. Cierto es que yo no había cenado, pero rápidamente encontré compinches de correrías, incluyendo a Fa, una tapatía conocedora, por tanto, de los tesoros ocultos de Guadalajara y que, además, había llegado a Impronta en coche. Un pequeño grupo de 5 personas nos subimos en el automóvil y fuimos a buscar un puesto de tacos. Una vez aparcados, cumplimos con la liturgia, compramos unas cajas de cerveza en el OXXO, y nos dirigimos al puesto. Ya estaba mexicanizándome. Un taco de cabeza, uno dorado de frijoles, un pastor… Maravillosos, nada que ver con los de la feria. Y, además, que bien saben las cosas cuando se comen con las manos y en la calle.
Como una ola
Cuando el grupo parecía que se disolvería rumbo a los diversos hoteles, surgió una voz que dijo: «Vamos a la copa de champagne». Yo me imaginaba que iríamos a una coctelería, pero rápidamente me sacaron de mi error, se trataba de un piano bar. A mi mente rápidamente vino el Toni 2 de Madrid, un espacio en el que, en mis tiempos mozos, se concentraban personas de más de 70 años, a horas intempestivas para cantar al son del piano; y en el que, esto es algo importante, podías comerte una fabada a las 3 de la mañana… Cualquier parecido entre ambos, más allá del piano, es pura coincidencia. Allí estaba media FIL, bueno, al menos la parte más joven de la FIL. El reloj marcaba más allá de la 1 de la mañana, todos deambulábamos por el local con una cerveza o un tequila en la mano, muchos con un cigarrillo encendido pese a que en el local había más carteles de prohibido fumar que personas…
El señor del piano y la cantante de cabecera se desempeñaban con maestría con las canciones de Gloria Trevi, Juan Gabriel o Selena… Yo reconozco que no es música que está en mi repertorio. Luego, no sé quien lo pidió, sí que el poeta Mario Obrero cogió el micrófono, cuando sonaban los primeros acordes de Como una ola, de Rocío Jurado, así sí, me desgañité hasta perder la vergüenza. Creo que el día montaña rusa lo necesitaba. Y es que el día de ayer si que fue como una ola… Podría haberme quedado más, el local tenía una atmósfera especial, pero pasadas de largo las 3 de la mañana, me retiré a descansar. Al día siguiente tocaba podcast y uno es un profesional. Si la Jurado no terminó de rematar mi garganta, mañana podremos trabajar bien. Al marchar me di cuenta de que la FIL nunca duerme, muchos seguirán allí hasta que cierre el local.
