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WonderLIJ: Los libros son para el verano

WonderLIJ: Los libros son para el verano

Sonia Antón Ríos

Sonia Antón Ríos inaugura la nueva columna sobre literatura infantil y juvenil de Publishnews. Ella nos guiará por el país de las maravillas de los libros, nos mostrará el papel que desempeñan en el sector editorial y nos contará cómo hacen desde los editores hasta los libreros para convertirlos en una esperanza para el futuro.


Cualquier excusa es buena para parafrasear la gran obra de Fernando Fernán Gómez, de hecho no soy nada original y lo sé, pero lo hago un poco para llevarme la contraria en la línea siguiente porque todos sabemos que los libros son para cualquier momento. Con todo, sí hay una cierta estacionalidad en el mercado: libros más oscuros en otoño, más luminosos y ligeros en primavera o verano, libros asociados a efemérides como Halloween, Navidad, el día del Libro Infantil y Juvenil, Sant Jordi, los días internacionales de X o Y, el 8 de marzo, el día del padre o de la madre, la semana del orgullo, las vacaciones, la vuelta al cole y mucho más.

Los libros son para el verano… ¡Mentira! Son para cualquier momento.

Pensando en esto… Me apetecía comentarlo, así que he llamado a tres libreras para que me cuenten su experiencia directa. Mi pregunta ha sido, ¿es bueno o malo para los libros la estacionalidad del mercado?

Estrella García de la librería Oletvm de Valladolid me da su opinión: cree que en general no es bueno para el libro marcarlo estacionalmente. Concreta poniendo el ejemplo de algunos libros en cuyos títulos se nombran festividades determinadas. Esto conlleva una caducidad rápida. Cree que, en parte es culpa de los editores, que relegan a un libro a un momento específico.

«En parte, es culpa de los editores de literatura infantil y juvenil, que relegan a un libro a un momento específico», apunta Estrella de Oletvm.

Pero en su librería, a excepción de los libros muy navideños o los que tienen Halloween puesto en el título, el resto de libros los tienen todo el año, no atienden a las estaciones o fechas. Los libros de miedo no solo los tienen destacados en la época otoñal y ahora no tienen nada específico para el verano. Cree que esto no sería bueno. Tan solo cuando llega una fecha señalada como el 8 de marzo, por ejemplo, sí reúnen todos los que tiene que ver con el tema en un escaparate.

Obviamente hay épocas en las que se vende más, pero depende de dónde estés. Para La Pecera de La Puerta de Tanhäuser, en Plasencia agosto es su momento fuerte, porque la ciudad recibe muchos visitantes. Otro sería la campaña de Navidad —algo común en el resto de librerías–, pero Cristina Sanmamed Prieto apunta que los temas de los libros que se compran para regalar son dispares. Es decir, el momento determina la venta, pero no qué se vende.

Cristina, sobre esta estacionalidad por la que pregunto, me dice que ni es bueno ni es malo, sencillamente no debería existir: a la gente en realidad le da igual la época del año. Le da igual que haya una playa en la cubierta o una montaña con nieve, a la hora de elegir un libro influye más el momento vital del lector.

«A la hora de elegir un libro, influye más el momento vital del lector», comenta Cristina de La pecera de Tanhauser en Plasencia.

Cristina punta que sí hay muchos niños y niñas que entran en la librería sabiendo perfectamente lo que quieren y no se dejan persuadir por las novedades marcadas por el calendario. Una curiosidad, que le parece inexplicable es que sí observa en verano cómo se eligen libros más ligeros y en invierno otros de más enjundia. Pero, a la vez también se aprovechan estos meses para leer libros que no dieron tiempo a lo largo del año. Para terminar, dice que la mayor parte de las veces es más importante ese momento en el que el librero indaga en los gustos y necesidades del lector que cualquier otra prescripción o fecha especial.

Turuletras en Villaverde, Madrid es una librería de barrio como nos dice Marina Díaz. Ella, en general solo sufre el bajón de agosto, mes que aprovecha para irse de vacaciones. El resto del año «entre una cosa y otra va enlazando picos de ventas». Como ella dice, «si no es libro de texto, es el libro de regalo de Navidad, o el día del libro, el del padre o la madre, etc.».

«La caducidad de los libros es inmediata porque no pasan al fondo de la librería y al año siguiente resulta imposible rescatarlos por el aluvión de novedades que hay», explica Marina de Turuletras.

Cuando le pregunto, me responde: «creo y entiendo que las editoriales tienen una especie de guía temporal para organizar su programación, que por ejemplo los libros que son potencialmente mejores para regalar salgan como novedad antes de diciembre, libros más lúdicos antes de verano, etc. Es lógico, pero sí es cierto que, cuando el libro está demasiado apegado a una festividad, por ejemplo Halloween se pierde enseguida. Su caducidad es inmediata porque no pasan al fondo de la librería y al año siguiente resulta imposible rescatarlos por el aluvión de novedades que hay. Personalmente no les hago el mismo caso que a otros, sinceramente, no me interesan tanto».

Le pregunto entonces si por lo menos estos libros se venden en esas fechas y me responde que, aunque le sorprende mucho, sí es verdad que los vende, pero que quizá se debe a que la promoción y difusión de estas festividades funciona muy bien en las redes sociales y newsletters. Por el contrario, los libros de carnaval no funcionan y como curiosidad me cuenta que el día del padre sí vende literatura infantil y juvenil en la que el protagonista es el padre pero, por el contrario, el día de la madre vende más libros de adultos para las mamás.

Cualquier excusa es buena para hablar de libros, incluso hablar del tiempo.

Cada uno tendrá una experiencia y una opinión y parece que el lugar donde vivas también influye. Esta conversación es muestra de ello y expone una idea común: la huida de esta (quizá mal llamada por mi parte) estacionalidad de la literatura infantil y juvenil. Una vez superada la dicotomía propuesta, nos quedamos con lo importante: la experiencia entre librero y lector cualquier día del año. ¡Pues claro!

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