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¿Quién maneja mi feria, quién?

¿Quién maneja mi feria, quién?

Con el poso que otorga el tiempo y la distancia llega el momento de hacer balance del que, tradicionalmente, ha sido y debiera ser el evento más importante del sector editorial en la capital de España, la Feria del Libro de Madrid. Ya hemos dado tiempo más que suficiente para que los números se asienten, los ánimos se sosieguen, y el bombardeo de notas de prensa de la organización cese y nadie pueda señalarme como incendiario o boicoteador.

En primer lugar, hay que analizar los números, números que la propia feria ofrece año tras año y que, al igual que en todos los comicios, siempre son positivos y maquillados poniendo el foco en circunstancias ajenas a la organización, normalmente meteorológicas.

En esta edición de 2024 el volumen de ventas de la Feria arroja una cifra de 10,8 millones de euros, un 3,5% menor que en 2023 donde se registraron ventas por valor de 11,188 millones de euros. Desde la Feria el balance es «positivo, pese a que en dos ocasiones tuvieron que cerrar las casetas durante unas horas debido a la activación de alerta naranja». Una apostilla interesante si no fuera porque en 2022, cuando anunciaban las cifras de ventas y asistentes, expresaban que el balance era positivo «a pesar de haber sido la Feria más lluviosa desde el año 2000, con 12 días de lluvia de los 17 que dura el evento». En 2022, una feria marcada por el calor y las alertas por viento (les suena de algo), el volumen de negocio fue de 10,2 millones de euros, y en 2019, la última feria prepandemia, fue de alrededor de 10 millones de euros.

¿El volumen de ventas invita al optimismo? Claramente, no, No solo estamos hablando de un descenso de los ingresos por ventas respecto al año anterior, el más lluvioso de la historia, sino que hay que contar el incremento del precio del libro desde 2019 a 2024… Un incremento fácil de contrastar con los datos del INE y que expresa que solo desde enero 2019 a enero de 2022 este había aumentado un 3,91%. En la última feria el número de ejemplares vendidos se situó en cifras similares a las de 2019.

Podríamos hablar también de visitantes, quizá suena bien decir que en esta edición han pasado por la feria 1.061.000 visitantes. Quizá cambia la cosa si vemos que en 2023 la cifra fue de 1.213.000 visitantes que desafiaron a la lluvia; o que en 2022 esta cifra, ofrecida por la misma feria fue de 3.100.000; y, en 2019, la última feria “normal” celebrada con la antigua dirección de Manuel Gil las cifras oficiales marcaban 2.300.000 visitantes.

¿Qué análisis podemos hacer de la feria en vistas a estos números? En mi opinión, uno muy simple, que salvando la edición de 2022, la primera feria postpandemia, que realmente fue muy exitosa, es que por mucha nota de prensa y anuncio a bombo y platillo de grandes éxitos de afluencia y ventas, han cambiado las caras pero los resultados siguen siendo iguales.

Pero más allá de las cifras es importante hacer otro tipo de análisis, ahora que la nueva dirección, encarnada en Eva Orué, ha tenido tiempo de rodarse con 3 ediciones de la Feria del Libro de Madrid.

A Manuel Gil, en su última feria como director (2021), marcada por las restricciones de aforo, se le echó en cara ─y seguramente con razón─, la disposición de pequeñas editoriales en un pasillo central con escasa visibilidad para el público paseante acostumbrado a recorrer el Paseo de Coches del Retiro junto a los árboles, dejando a un lado ese centro donde habitualmente se disponían carpas y estands para actividades y patrocinadores.

Hoy, de aquellas 28 editoriales que elevaron un manifiesto de queja por el trato recibido, 25 ocupan un espacio en la ‘zona clásica de la feria’, solamente faltan Barrett, Continta me tienes, y Libros del Kultrum. Pero igualmente muchas otras editoriales pequeñas se han quedado sin poder participar y, otra vez las pequeñas, han sido condenadas al pasillo central, un pasillo disfrazado en un estand octogonal compartido por 25 editores, en el centro de la feria. Un estand en el que no han podido ni siquiera vivir toda la feria, solamente un fin de semana (por eso de que puedan participar más).

A diferencia de lo ocurrido en 2021, este año las editoriales destinadas a vivir un poco de la feria en el pasillo central, no han manifestado públicamente su descontento. Un descontento que muchas sí comentan en privado por miedo a las represalias, a no poder participar de la feria el año que viene, indicando que consideran la ubicación como discriminatoria, penalizando a las editoriales que están comenzando frente a las librerías y editoriales ya consolidadas. ¿Les suena?

Pero, el que para mi es el mayor problema, es saber quién dirige la Feria del Libro de Madrid, quiénes son los organizadores. Lo lógico sería pensar que la Feria del Libro de Madrid debiera ser un evento del sector editorial. Un evento organizado por la Asociación de Librerías de Madrid, la Asociación de Editores de Madrid, FANDE y la Federación de Gremios de Editores de España, debiera estar al servicio del sector editorial, pero ¿eso sucede?

La Feria del Libro de Madrid ha dejado de ser una feria de libreros, de editoriales, de librerías… Es cierto que allí están y que sin ellos no habría feria, pero al final es el escenario perfecto que sirve a los designios de las grandes empresas de este país, empresas con nombre y apellidos: Caixabank, Iberia y Repsol.

IBERIA

Me resulta especialmente doloroso ver como este año la revista Publishers, la única revista del sector editorial en español, fue excluida de la feria. Y digo excluida porque nunca fue invitada, religiosamente año tras año pagó su estand y para le edición de 2024 la dirección de la feria no quiso firmar ningún nuevo contrato.

Podríamos pensar que su presencia molestaba, distorsionaba lo que se espera de una feria del libro al disponer de un espacio donde, sin parar, se realizaban entrevistas, retransmitidas vía streaming, a autores, editores, libreros… Un espacio que, de manera más modesta, pero gratuitamente, han ofrecido a esa misma revista y a quien escribe estas líneas ferias como la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), o la Feria del Libro de Frankfurt… Es posible que, algún día, uno pueda ser profeta en su tierra, mientras tanto nos conformaremos con participar de ferias sin el calado y renombre internacional de la Feria del Libro de Madrid…

Pero el problema no es ese, no es una cuestión de no entender que la comunicación y la visibilidad más allá de El Retiro también son importantes. El problema es que ese espacio, en esta edición, estaba reservado para la aerolínea Iberia, con una iniciativa llamada ‘La cabina del libro’, que ha tenido como objetivo visibilizar proyectos editoriales y promocionar la literatura iberoamericana a través de encuentros con autores y editores que trabajan la palabra desde los dos lados del Atlántico. En definitiva, preferir dejar en manos de una aerolínea el trabajo que en años anteriores ha realizado una revista profesional del sector editorial.

Si entran en el canal de Youtube de la Feria del Libro de Madrid verán como la lista de reproducción de este espacio alberga un total de 20 entrevistas, de entre 8 y 11 minutos. En el chester de Publishers en la Feria del Libro de Madrid 2023 se realizaron más de 260 entrevistas y mesas redondas, y en 2022 un número similar. La pregunta se responde sola, ¿verdad? A la Feria del Libro de Madrid le importa bien poco el sector editorial, es mejor llevarnos bien con Iberia. De hecho, las 20 entrevistas que realizaron desde La cabina del libro forman parte de la programación que luce la feria en sus redes sociales. ¿Alguna vez se interesaron por la labor de difusión que se estaba realizando desde la única revista del sector editorial en español?

REPSOL

Si el caso de Iberia me es doloroso en lo personal, el caso de Repsol es sangrante. No es de recibo que una feria que pretende ser adalid de la modernidad, de la igualdad, del respeto, se alíe con una empresa como Repsol para hacer una feria más sostenible. Una alianza en la que, como no podría ser de otro modo, los que han salido perdiendo han sido los expositores.

La alianza con Repsol nació viciada. Mientras la dirección de la Feria del Libro de Madrid alardeaba de reducir la huella de carbono durante el evento a través de su alianza con Repsol, asociaciones como Ecologistas en Acción denunciaban la campaña de greenwashing de la compañía española que más emisiones de gases de efecto invernadero lanza a la atmosfera ─también se encontraba entre las 50 más contaminantes del mundo en 2022─.

Dentro de las acciones para lucir, nunca mejor dicho, la energía “limpia” de Repsol, la dirección de la Feria del Libro de Madrid se sacó de la chistera ‘La noche iluminada’, un evento que sirvió para recordarnos que, la energía limpia de Repsol es capaz de iluminar los escenarios de el parque de El Retiro.

Hablando con editores y libreros sobre esta iluminada iniciativa que consistía en mantener abierta la feria hasta las 23:30 de la noche, los números vuelven a hablar por si solos. La noche iluminada se convirtió en la noche del helado. Los visitantes de la feria, o de El Retiro, paseaban entre conciertos y performances disfrutando de una agradable noche primaveral tomando un helado. ¿Pero qué significó esta ampliación del horario de apertura para los expositores? En el mejor de los casos la venta de uno o dos ejemplares más. En la gran mayoría, tener que pagar horas extra a las personas que atienden las casetas; en otros, tener que coger un taxi para volver a sus hoteles o casas ya que el transporte público comenzaba a escasear. En definitiva, Repsol gana, los expositores pierden.

LA LAXITUD DE LA NORMA

Para terminar de cerrar el círculo oligárquico hay que volver al inicio, a la falta de espacio para todas las editoriales y librerías que desean formar parte del evento del libro más importante de Madrid. Y, repito, no hay sitio para todos. Sin embargo, resulta sorprendente leer en la normativa que quedan excluidas de la feria «las librerías que dediquen a la exposición de libros en sus locales menos del 75 % del espacio disponible.» y encontrarse en el listado de expositores a pequeñas empresas como El Corte Inglés, Hipercor, o la FNAC, esta última con dos casetas.

Supongo que hecha la ley, hecha la trampa y el Corte Inglés tendrá una razón social llamada Librería El Corte Inglés, que en Hipercor a los san jacobos los llaman libritos de pollo y suman porcentaje, o que, en la FNAC, durante la feria quitan las televisiones, los teléfonos móviles y los muñequitos…

Pese a todo, la Feria del Libro de Madrid, según rezan los periódicos, fue un gran éxito de visitantes y ventas; una feria más sostenible y respetuosa con el medioambiente. Los problemas siguen siendo los mismos, las soluciones, puro maquillaje, eso sí, la imagen impoluta gracias a un gran trabajo de comunicación al amparo de los grandes grupos económicos de este país que son, sin lugar a duda, quienes manejan la feria.

Sobre el Autor

Lorenzo Herrero

Acostumbrado a lidiar con departamentos de comunicación de España y América Latina un día decidió tomarse un descanso y dar el salto al mundo editorial enrolándose como Jefe de Ventas en una pequeña editorial española. Allí descubrió que las dificultades que había vivido como periodista en países en vías de desarrollo no eran nada al lado de la batalla que cada día hay que luchar para vender libros. El producto de ambas experiencias no podía ser otro que acabar en PublishNews como director escribiendo sobre el mundo del libro en español.

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