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‘Para el alma’ recetas contra el olvido

‘Para el alma’ recetas contra el olvido

Comer es, innegablemente, un ejercicio de memoria. Nuestras papilas gustativas actúan como un puente hacia el pasado. Determinados bocados nos transportan a la infancia, al calor del hogar o a los viajes que marcaron nuestras vidas. Necesitamos esos referentes, grabados en nuestra memoria sensorial, para definir nuestros gustos. Yo siempre pongo el mismo ejemplo, las croquetas. Jamás se me ocurriría pedirlas en un restaurante, pues cualquier intento está condenado al fracaso. ¿La razón? El filtro del recuerdo. Para mí, no existen croquetas que puedan compararse con las de mi madre; no las he encontrado, y mira que he probado muchas. Pero imagínense si vamos un paso más allá.

Eso es precisamente lo que hace Alejandra Bautista en Para el alma, obra publicada recientemente por la editorial Hambre de Cultura. Aquí, la comida no solo evoca un momento; nos permite evitar el olvido y honrar a quienes ya no están. Ya no se trata solo de los macarrones con chorizo de la abuela o del plato que pedías en aquel bar cuando salías con aquella chica de la universidad que tanto te gustaba. Se trata de recordar a aquel hijo o a aquella hija a través de lo que les apasionaba: ese arroz con pollo, ese sancocho… Honrar su memoria para que no se apague es, al mismo tiempo, un ejercicio de política, historia y justicia.

El pasado domingo asistí a la presentación de Para el alma en la FILBo, un libro de recetas que trasciende las medidas, los trucos culinarios y las fotografías que invitan a salivar. Aunque contiene todo eso, la obra es, ante todo, una declaración de amor, una denuncia y un acto de justicia. Para el alma explora la conexión de once mujeres con la tierra, la identidad y el recuerdo de sus seres queridos a través del acto sagrado de cocinar. Es un ejercicio que nos exige no olvidar los nombres, los rostros y las historias de las 7.837 víctimas de los mal llamados «falsos positivos», jóvenes engañados y asesinados durante la primera década del siglo XXI, bajo el gobierno de Álvaro Uribe, por miembros del Ejército Nacional de Colombia para ser presentados como bajas en combate. 7.837 vidas cercenadas bajo la falsa promesa de un trabajo, solo para que alguien pudiera colgarse una medalla o un gobierno presumiera de resultados en la lucha contra la violencia.

Esta columna llega a sus pantallas porque jamás me había ocurrido no poder dejar de llorar durante la presentación de un libro. Y no, no fue por el tono de esas madres. Todo lo contrario: ellas estaban allí, orgullosas, agradecidas de poder recordar a sus hijos, y de que el mundo los recuerde, a través de su comida favorita o del último plato que cocinaron juntos. Esta columna llega a sus pantallas porque me resulta impensable que en pleno siglo XXI haya ocurrido esta aberración que atenta contra los principios fundamentales de cualquier Estado de derecho y nos demuestra que los monstruos existen, aunque vistan trajes, ocupen despachos o porten uniformes. Escribo esto porque callar me haría cómplice de quienes intentan silenciar el grito de unas madres que, a través de organizaciones como MAFAPO, luchan por la verdad, la justicia y la reparación. Para el alma es un libro necesario que nos recuerda una lección profunda: nuestro gusto tiene memoria, y desde la gastronomía también se construye memoria histórica.

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