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Oche Califa «El Estado nacional y el de la ciudad están en deuda con la industria en cuanto a compromisos de largo plazo»

Oche Califa «El Estado nacional y el de la ciudad están en deuda con la industria en cuanto a compromisos de largo plazo»

Hoy nos vamos a Argentina para charlar con Oche Califa sobre sus seis años al frente de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Oche desempeñó el cargo de director Institucional y Cultural de la Fundación El Libro (FEL) y director de la Feria durante los últimos seis años y medio. Oche dejó estas responsabilidades hace apenas dos meses y decidió jubilarse tras un año marcado por la pandemia, sin FIL de Buenos Aires presencial, y con un 2021 en el horizonte donde tampoco nos encontraremos en la Rural.

Buenas tardes Oche, en primer lugar, agradecerte tu disponibilidad para hacer esta entrevista. Siempre fuiste para con Publishnews y, por ende, para con todos los periodistas una persona accesible. No obstante, ahora, ya liberado de cargos institucionales y disfrutando de la jubilación sabemos agradecer que nos sigas abriendo la puerta para dialogar sobre aquello que nos apasiona, el mundo del libro.

Antes de entrar en harina, ¿Cómo estás? ¿A qué se dedica ahora Oche Califa sin ferias del Libro a la vista y sin todo ese trajín institucional para darle al libro argentino en el lugar que merece?

A lo largo de mi vida laboral he sido periodista, editor y gestor cultural mientras era, a la vez, escritor. Ahora soy, al menos por estos días solo lo último. Resulta toda una novedad para mí y espero que me sea provechosa.

Oche, en primer lugar, han sido más de 6 años como director institucional de la Fundación El Libro y como director de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, comencemos por la feria, que en estos años ha ido creciendo y transformándose hasta convertirse en un acontecimiento cultural clave en América Latina. En términos generales, ¿qué balance haces de estos seis años al frente de la misma?

Fueron años muy buenos para mí y considero que también para la FEL y sus ferias. Cuando comencé hacíamos tres ferias (la internacional y la infantil en dos sedes) y ahora son seis. Además, aumentamos mucho las campañas de promoción a lo largo de año y afianzamos a la FEL como una herramienta imprescindible para la industria del libro en la Argentina y a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires como el acontecimiento cultural más importante de Latinoamérica y un ámbito reconocido de negocios y vínculos para el libro en español, especialmente en la región. De todo esto hablé en un balance que di a conocer en mayo.

En otros países y ciudades ferias del calado de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cuentan con apoyo institucional, gubernamental, o municipal. Vosotros no. ¿Cómo es posible, sin contar con este apoyo, gestionar y organizar un evento como este que, además, como ya demostrasteis en el Informe sobre la Dimensión Económica de la Feria, es un importante impulso económico para Buenos Aires y Argentina, no solo en el sector del libro, sino en otros tan variopintos como el transporte, el ocio, la restauración?

La Feria Internacional ha sido, de manera sostenida, gananciosa. Eso ha permitido a la FEL no depender de otros y volcar sus ganancias en otras iniciativas. Ha sido y es un fenómeno virtuoso. Para ello la FEL ha tenido, a lo largo de los años, equipos muy calificados y comprometidos, lo que resulta crucial en un caso como el nuestro. Pero el Estado nacional y el de la ciudad están, de todos modos, en deuda con la industria en cuanto a compromisos de largo plazo, no solo puntuales. Si estos existieran, fortalecerían más la industria (sus editoriales y librerías, sobre todo), lo que redundaría en bien de la feria. Porque no es lo mismo una feria con una industria propia fuerte que débil. Y de la pandemia en adelante, más aún.

Como director de la Feria del Libro, ¿cuál ha sido el momento más complicado al que te has enfrentado? Hay que reconocer que la feria, como cualquier evento cultural de gran magnitud ha sido escenario de protestas, presentaciones polémicas… ¿Ha habido algún momento en el que dijeras: «En menudo quilombo nos hemos metido». Por otro lado, sin ir más allá de la feria, ¿de qué te sientes más orgulloso?

La feria es un hecho muy dilatado ─veintiún días─, así que ocurre de todo y, muchas veces, al mismo tiempo. Cuando se ha forjado un temple para organizar y dirigir, los líos no son cosa que amilane. ¡Algunos hasta se disfrutan! En principio, la disposición es resolverlos y listo. Además, la experiencia nos dice que lo más importante no es lo que sucede sino lo que sucederá, así que la cabeza está puesta en organizar para evitar los conflictos, aunque sabiendo que igualmente algunos ocurrirán. En cuanto a las innovaciones, creo que fortalecimos nuestro propio programa cultural, le dimos una enorme dimensión a la movida juvenil, pusimos una primera bandera al crear el espacio de diversidad sexual «Orgullo y Prejuicio», ayudamos a los expositores para que fueran más activos, tuvimos hermosas ciudades invitadas de honor a las que ayudamos para que tuvieran un papel lucido. Todas esas cosas me hacen sentir bien, incluso en medio de esta situación en la que no tuve una feria para despedirme de mucha gente.

«Sabemos eso de que «a la feria vienen todos». Pero otra cosa es que se sientan convocados de manera clara y con iniciativas atractivas»

Desde la Feria fuisteis pioneros, hoy parece algo de sentido común espacios como «Orgullo y Prejuicio», sin embargo, no los encontramos en las Ferias Internacionales y quedan reducidos a ferias de nicho como las Ferias LGTBI. Vosotros ya le dedicasteis un espacio en 2018, un espacio que no solo ha continuado, sino que ha ido cogiendo más peso. ¿Cómo surge crear este espacio? ¿Crees que este espacio ha ayudado al acercamiento de un público más joven a la feria?

Como dije, es algo de lo que estamos orgullosos y esperamos que otras ferias lo repliquen. La idea surgió al monitorear los distintos segmentos de interés lector que mueven al libro. Porque sabemos eso de que «a la feria vienen todos». Pero otra cosa es que se sientan convocados de manera clara y con iniciativas atractivas. En la Argentina, que tiene ley de matrimonio igualitario desde hace varios años, la movida LGTBI es muy fuerte y se expresa, especialmente, en el campo de la cultura. Así que fue una decisión casi «cantada». Y no nos equivocamos en cuanto a cómo sería recibida y cuáles serían sus resultados.

Y ahora que hablamos de jóvenes, cuéntanos de la movida juvenil. Como escritor especializado en Literatura Infantil y Juvenil era obvio que conocías el potencial que esta tiene. ¿Te llegó a sorprender el éxito la misma? ¿La movida juvenil ayuda a crear esos lectores adultos que serán el futuro de la industria del libro argentino y de la feria?

Empezamos en 2016 con la convicción de que resultaría. Anunciamos un Encuentro Internacional de Booktubers, un premio al Booktuber de la Feria y un par de acciones más. Pero no sospechábamos que adquiriría tal escala. Al año siguiente creamos una comisión de voluntarios, porque nos dimos cuenta de que los jóvenes debían sentir que la feria también era cosa de ellos y debía haber actividades todos los días. Así que fuimos ampliando el programa, mientras se iban sumando las editoriales aportando lo propio. Cuando empezamos había un par de editoriales con un catálogo dirigido a los adolescentes y ahora hay más de diez. ¿Y adónde creen que fueron a buscar para armar sus equipos? Acertaron: a los encuentros de booktubers y bloggers de la Feria. Así que es obvio que hay que «criar» lectores (por eso, además hacemos la Feria del Libro Infantil y Juvenil, que tiene treinta años). Porque si bien existe una minoría que se abre paso sola como lectora, de ella sola no vive una industria, ni menos adquiere fortaleza y dimensión.

Voy a detenerme un poco más en la literatura infantil y juvenil ya que no podemos olvidar la existencia, organizada también por la Fundación El Libro, de la Feria del Libro Infantil y Juvenil. En España, se demostró que durante el confinamiento las ventas de libros fueron sostenidas por estas obras. Una sociedad que apuesta por el libro y la lectura, ¿tendría que cuidar y potenciar más estos eventos dirigidos a los más pequeños?

Por supuesto. Nosotros hacemos la Feria del Libro Infantil y Juvenil en dos sedes simultáneas: Buenos Aires y La Plata (que están a cincuenta kilómetros una de la otra). Pero, desde hace unos años las hay en otras ciudades de la Argentina, porque se dieron cuenta de que funcionan y promueven acciones culturales, artísticas y educativas más allá del propio libro. Todas las ferias funcionan como eje alrededor del cual giran otras cosas. Y ayudan a armar el calendario cultural anual a muchas instituciones y grupos. Pero en esto hay que trabajar con la vista en el horizonte, sin ir al mero «resultadismo», como dicen los periodistas deportivos. Porque si no trabajamos con creatividad y hasta con riesgo en el libro para niños y niñas no habrá industria fuerte ni catálogos numerosos y con diversidad de propuestas.

La Feria infantil y juvenil, desde que tú llegas a la Fundación El Libro cambió dos veces de localización. ¿Resultó complejo gestionar esto? ¿Es importante que no solo «la marca» sino el lugar donde se desarrolla sea un espacio referencial?

Ha sido un problema difícil de resolver porque transcurre en nuestras vacaciones de invierno, cuando todo está a full. En términos ideales el espacio apropiado para una feria es sencillo: una superficie llana para los stands y salas laterales para actividades. Al fin, en las últimas ediciones se ha podido hacer en el Centro Cultural Kirchner, con la ventaja de ser muy conocido es estar muy bien ubicado. Pero se haga donde se haga, existe un público que la espera y que concurre, lo que es fundamental, ya que es lo principal que una feria debe tener.

«Toda obra que se edite con aspecto de libro para niños o adolescentes está condenada a ser mirada como “subliteratura”»

No puedo evitar hablar con el Oche escritor, en España, en estas últimas semanas ha habido un debate sobre los autores de Literatura Infantil y Juvenil tras la reedición por parte de El País de una colección de libros infantiles «Mi primer autor» firmados por Pérez-Reverte, Vargas Llosa, Almudena Grandes… Algunos autores de literatura para niños, han sentido que se menospreciaba su trabajo no dándoles la categoría de escritores, ya que la colección se presentaba como «Los mejores escritores se alían por los niños» y decía de la colección «Los mejores autores actuales de lengua española en una colección para niños. Una orquesta de 15 joyas literarias que despertará las ganas de leer de los más pequeños». ¿Crees que aún hay que romper barreras y dar a la literatura infantil y juvenil y sus autores el reconocimiento que merece cuando día a día constatamos que el público infantil es un público fiel capaz de convertir en bestsellers las historias que les apasionan?

Hay una diferencia entre la cultura española, la latinoamericana y la anglosajona. La segunda no tiene problemas en colocar en lo alto de sus historias literarias a Alicia en el País de las Maravillas, El Libro de la Selva o Las aventuras de Huckleberry Finn. En España y Latinoamérica no se considera así, sobre todo cuando se ha determinado comercialmente que una obra está destinada a los niños o adolescentes. En la Argentina tenemos dos novelas claves en el siglo XX, que son Don Segundo Sombra y El juguete rabioso. ¿Quién se anima a decir que son dos obras juveniles? Así que toda obra que se edite con aspecto de libro para niños o adolescentes está condenada a ser mirada como «subliteratura»… aunque pueda tratarse de una joya literaria. Por suerte los niños no se enteran de estas cuestiones.

Todos tenemos claro que la de 2019 no fue la última feria de Oche Califa, pero ¿cómo ha vivido Oche Califa jubilarse sin poder pasear por La Rural sabiendo que esa era su última feria como director?

Hay una lágrima esperando dentro de mi ojo. Pero el tiempo pasa y creo que ya no saldrá.

A veces, uno tiene la sensación de que la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires era la ocupación única de Oche Califa como director Institucional y Cultural de la Fundación El Libro. El calado de la misma es tal que absorbe, muchas veces, las otras múltiples acciones. Es de recibo recordar como bajo tu dirección, la Feria del Libro paso de organizar dos ferias a sumar otras tres de ámbito local (Rosario, Merlo, y Malvinas) y la FELBA. ¿Qué hay detrás de ese crecimiento? ¿La necesidad de expandir más allá de Buenos Aires el mundo del libro? ¿De reconocer el trabajo editorial que se realiza fuera de Buenos Aires? ¿De democratizar el acceso a la literatura, a sus autores y a los eventos culturales?

La FEL tiene como objetivo central la promoción del libro y la lectura, así que siempre fue dando pasos en ese sentido: la Internacional, luego la Infantil, las otras ferias, las campañas, los concursos y premios, la colaboración con otras ferias argentinas. Pero lo cierto es que la rápida expansión hacia tres nuevas localidades en los últimos años también respondió a capear un temporal de crisis en la economía que hizo retroceder mucho al libro. Se trataba de ayudar a sostener las empresas editoriales y la red de librerías. Hay que saber que en la Argentina existen unas cuatrocientas editoriales –la mayoría pymes- y unas mil doscientas librerías, que son el canal comercial por excelencia.

No quiero despedirme sin echar la vista atrás, a este último año y medio tan complejo, y a ver como una industria del libro ya de por si machacada por las crisis económicas que han azotado la Argentina se ha visto masacrada por la pandemia.  Se han cerrado, y siguen cerrando, muchas librerías, muchas editoriales tampoco han podido sobrevivir… ¿Se recuperará la industria argentina del libro de este gran golpe? Sabiendo que no hay fórmulas mágicas ¿Qué necesita para seguir adelante con una relativa tranquilidad y ser, a nivel internacional, el escaparate de la cultura argentina y uno de los mercados claves a nivel mundial de la edición en español?

Aun cuando la Argentina es un país de crisis cíclicas, esta situación no tiene parangón. Esta vez sí que se debe convencer a los gobiernos para que adquieran compromisos no solo circunstanciales. Porque no todos pueden salir de la pandemia de la misma manera. Y necesitamos que todos lo hagan por el bien de una cultura, que forjó su singularidad distintiva en el concierto latinoamericano debido a su diversidad e innovación. Es un desafío enorme en el que no solo se juega el destino argentino sino también el regional, porque sabemos que los países inmediatos están expectantes sobre lo que ocurra en la Argentina.

Por último, Oche, ¿tienes alguna espinita clavada de estos seis años y medio? ¿Algo que se quedó en el tintero por falta de tiempo, de recursos; por las circunstancias?

He señalado en mi balance o rendición de cuentas algunas cosas que no logramos desarrollar. Plantearlas nuevamente tal vez no sea oportuno, porque puede que los desafíos por delante reclamen, con urgencia, otras cosas. Lo que sí espero es que el libro argentino siga siendo una herramienta de valor y sus ferias, hechos hermosos y positivos.

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