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«No hay nada más evocador que la inocencia», Alfonso González Matorra

«No hay nada más evocador que la inocencia», Alfonso González Matorra

EL ARCA DE NEO es una novela que nace desde la raíz, desde ese territorio íntimo donde la memoria, la infancia y la emoción permanecen a salvo del paso del tiempo. Alfonso González Matorra nos invita a recorrer Riaño (León) a través de una mirada honestamente humana, cargada de ternura, nostalgia y verdad. Escrita en primera persona, la obra funciona como un refugio emocional donde el narrador conserva vivencias, paisajes y sentimientos que marcaron su identidad.

Entre lo rural y lo sentimental, el autor construye un relato honesto y evocador, que no solo habla de un lugar, sino de la necesidad de preservar lo vivido. Conversamos con él sobre memoria, arraigo y literatura como acto de resistencia frente al olvido.

EL ARCA DE NEO está escrita desde la memoria íntima. ¿Cuándo sentiste la necesidad de contar estas vivencias?

Creo honestamente que es así, que es por eso, por el paso del tiempo y los acontecimientos dramáticos vividos en la comarca de Riaño, que crece en mí esa necesidad de transmitir a los demás mis experiencias vitales, en este caso la infancia y adolescencia.

Ahora puedo decir que mi experiencia vital como riañés que soy ha sido siempre para mí un espacio de regocijo a través del tiempo. Siempre he comentado con mis amigos y conocidos, y con quien comparte conmigo conversaciones de esta índole, que he tenido la gran suerte de vivir una infancia feliz, si, la felicidad de aquellos luminosos días vividos en un pueblo tan especial como Riaño, que ha crecido en mi interior con el paso de los años convirtiendo su recuerdo en mi joya más preciada. Reliquias del pensamiento llamadas por mí ahora que peino canas, «relicuerdos». Y dentro y detrás de cada uno de ellos, está su secreto: mi madre.

¿Qué simboliza para ti esa “arca” que da título a la novela?

EL ARCA DE NEO (Neo, así me llamaban de niño), es ese barco imaginario donde guardo el relato de esos mis, «relicuerdos», mientras navego sobre un mar donde yacen físicamente anegados.

¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción en el protagonista?

Tiene todo de autobiográfico porque es una pequeña historia de mi vida interior y compartida, pero poco en las intenciones, pues lo que quiero transmitir en estas páginas a quien las lea, son las sensaciones vividas en libertad en un pueblo de montaña donde reinaba la naturaleza y el sentido común de las cálidas gentes que lo habitaban.  Un inciso: la libertad que me dio mi madre, todo sea dicho.

Riaño es casi un personaje más en el libro. ¿Qué significa este lugar en tu vida y en tu escritura?

Así es. Riaño es el protagonista. Parece que lo he conseguido ¿eh?… veremos. En mi vida significa mis raíces y en mi escritura, casi todo. Fuente de inspiración y lugar de refugio. A pesar de los pesares, lo sigue siendo.

El relato alterna la mirada del niño y la del adulto. ¿Cómo fue encontrar ese equilibrio narrativo?

Exacto. Ha sido un ejercicio de diálogo conmigo mismo y con mi organismo (risas) que ha surgido al imponerse la primera persona del niño Neo, y que mi yo maduro (y puede que paternal) ha pedido a mi pequeño infante, y este, no se ha negado. Ha surgido de forma natural y nos hemos llevado bien. Al menos eso creo. Ustedes juzguen.

¿Qué emociones fueron las más difíciles de volver a visitar durante la escritura?

No todo ha sido de color de rosa para el pequeño Neo, sobre todo, como todos los chavales supongo,  al llegar a la adolescencia y aparecer esos conflictos que casi no te dejan salida.

La novela transmite una profunda sensación de arraigo. ¿Crees que hoy se está perdiendo esa conexión con el origen?

Si, por completo. Y ya se ha perdido de hecho en gran medida. Sobre todo, en el aspecto de la relación con el medio, muy diferente hoy para los niños que habitan incluso los pueblos de nuestro país y del mundo en general. Este es un aspecto importante que afronta Neo en la novela. La vida de antes solo la podemos vislumbrar hoy en fotografía o en algunas filmaciones de entonces. Además de las raíces la amistad es también un ingrediente muy importante en esta obra.

¿Escribir ha sido una forma de preservar aquello que el tiempo y el progreso amenazan con borrar?

Sí señor, es de hecho para mí el escribir, y perdone que le cite, una forma de preservar aquello que el tiempo y el progreso amenazan con borrar, o ya ha borrado físicamente, añado. Digo físicamente, porque el resto de lo que queda de la vida de antes lo llevamos solo los que la vivimos guardado dentro.

Tu prosa es cercana y evocadora. ¿Buscabas deliberadamente esa intimidad con el lector?

Cuando se trata de estos asuntos amigo…. Yo soy así, qué le voy a hacer. Bromas aparte, sí. No hay nada más evocador que la inocencia.

¿Qué papel juega la nostalgia en tu obra: refugio, herida o motor creativo?

La nostalgia es para mí, motor creativo donde me refugio y me recreo para curar la herida.

En comparación con Tocan las campanas a Concejo, ¿qué evolución sientes como escritor?

La escritura es una actividad estimulante y en constante aprendizaje. Vehículo, como ya he dicho, para compartir con los demás la profundidad de las palabras y, por supuesto, dar rienda suelta a las inquietudes más o menos ocultas. Desde los comienzos en 2007 con mi humilde blog RIAÑO VIVE en internet, pasando por un sinfín de misivas en las redes sociales, culminado por mi novela coral homenaje a los paisanos de la montaña leonesa titulada: «Tocan las campanas a Concejo» (no se la pierdan), puedo afirmar que mi evolución en la escritura ha sido grande. Y ahora, ya que me lo pregunta, EL ARCA DE NEO se revela para mí como un trabajo delicado e intimista como ninguno.

Escribes sin formación académica en letras. ¿Cómo ha sido construir tu camino literario desde la intuición?

Natural como la vida misma. Supongo que soy un autodidacta. Voy buscando lo que el instinto o la intuición me piden e impulsado siempre por esa inquietud que no me abandona. Así he encontrado en las palabras el vehículo y el arma para conseguir mis objetivos imposibles, eso que llaman utopías, y en ello estamos, al menos eso creo cada vez que me veo con un caldero en la mano echando calderos fuera para vaciar el pantano. No en vano, mi seudónimo y su mensaje corto que llevo ondeando como una bandera desde hace años en la red de redes: agustin lasai rodrigez ¡No hay utopías si las persigues!

Utilizas un seudónimo desde hace años. ¿Qué te aporta esa otra identidad como autor?

Ese seudónimo que ya he mencionado (con su mensaje corto) ha sido desde la decapitación de la Comarca/Montaña de Riaño hace casi 40 años, “mi nombre de guerra”, el núcleo original de donde afloran las ideas para mí, por las circunstancias de su nacimiento en una madrugada de julio de 1987, símbolo personal de resistencia sobre el que se funda el despertar de la lucha que hemos llevado a cabo algunos de los damnificados por el pantano de Riaño, 20 años después de su cierre.

¿Qué esperas que el lector sienta al cerrar EL ARCA DE NEO?

Si has vivido cerca del barro y la suciedad de las calles, el rumor del agua de un río salvaje, y sabes lo que es estar marcado día tras día de postillas en tus codos y rodillas, amigo, navegarás a gusto en este mi arca. Y para los que no, con más motivo os animo a pasar un rato divertido al descubrirlo. ¡Ah!, la pregunta era, al cerrar el libro, … siendo así, mi respuesta es la siguiente: querido lector, espero que se te haya hecho corto.

Estás trabajando en tu tercera novela. ¿Seguirá Riaño siendo el corazón de tu universo literario?

Mi tercera novela se titulará: agustin lasai rodrigez (escrito tal cual. El por qué lo sabrán cuando la lean)

Gracias y muchos calderos para todos de parte de agustin.

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