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«Me da mucho orgullo que Guayaquil sea parte esencial de la novela, soy un enamorado de mi ciudad», Benjamín Rosales Peña

«Me da mucho orgullo que Guayaquil sea parte esencial de la novela, soy un enamorado de mi ciudad», Benjamín Rosales Peña

Hoy tenemos el gusto de conversar con Benjamín Rosales Peña, autor de la novela Libra de Dragón. En esta obra, el escritor nos transporta a Guayaquil durante el 2020, año en que la pandemia de la COVID-19 transformó radicalmente la vida de millones de personas. Desde la mirada de su narrador, asistimos a una ciudad golpeada no solo por la crisis sanitaria y la ola de muertes, sino también por los efectos de la corrupción, la criminalidad y el abandono social. La novela conecta lo íntimo con lo colectivo, lo cotidiano con lo político, y refleja la desolación y los dilemas éticos de una sociedad en emergencia. Para Benjamín Rosales Peña, quien debuta en la literatura tras una larga trayectoria en el mundo empresarial, este libro representa un ejercicio de memoria, denuncia y reflexión.

¿Cómo nació la idea de escribir Libra de Dragon y en qué momento supo que quería transformar esas vivencias de la pandemia en una novela?

Por muchos años y durante la pandemia, recorrí la ciudad de un extremo a otro para llegar a mi trabajo. Eran horas manejando a diario, observando su gente, lugares, todo tipo de situaciones. Entre esas escenas salió la idea de escribir la novela.

La historia está ambientada en Guayaquil, una de las ciudades más golpeadas en los inicios del COVID-19. ¿Qué lo motivó a poner a su ciudad como epicentro del relato?

No solo es el epicentro, considero a Guayaquil una protagonista. En relación con su población, fue la ciudad con mayor mortalidad en el planeta. Tenía la inquietud de saber por qué, y en esa búsqueda de respuestas se fue formando el relato. Me da mucho orgullo que Guayaquil sea parte esencial de la novela, soy un enamorado de mi ciudad.

El libro mezcla recuerdos personales, hechos sociales y reflexiones sobre la corrupción y la violencia. ¿Cómo logró equilibrar lo íntimo con lo colectivo en la narración?

Quizá al estar escrito en primera persona, de alguna manera, existió esa facilidad para lograr una unión entre el pensamiento del narrador y el terrible contexto en que se desarrolla la historia. 

¿Qué simboliza el título Libra de Dragón dentro de la trama y el mensaje de la obra?

El título se debe a que Camareta, el narrador, nació en el mes de Libra en año de Dragón. Esta criatura mítica representa fuerza, transformación y buena fortuna. Un simbolismo que encajó perfecto con lo vivido durante la pandemia.

Usted proviene del mundo empresarial y este es su debut como novelista. ¿Qué tan desafiante fue hacer esa transición hacia la escritura literaria?

Siempre me gustó escribir. En mi trabajo disfruto hacer una presentación, algún texto persuasivo o el copy publicitario. Pero de eso a una novela, fue un desafío muy grande. Principalmente, encontrar el tiempo. A fines de 2023 inicié una transición profesional que me permitió dedicarle el espacio necesario para aterrizar las ideas. Me pasé escribiendo semanas completas. Luego, revisando y editando para cumplir con mi propósito de publicarla. 

¿Cómo fue el proceso de documentación para reconstruir tanto la etapa de la pandemia como la posterior crisis de criminalidad en Guayaquil?

Todo empezó a inicios de 2021 con los primeros bosquejos y personajes. Iba recopilando datos en una libreta de apuntes: la más bonita que recibí por regalo navideño de algún proveedor. Poco a poco, las líneas principales llegaban a la computadora y se iba formando la historia. Hasta que llegó ese momento en 2023, donde en el transcurso de unas intensas semanas surgió la idea del cierre y pude meterme de cabeza a escribir. Fue increíble. Perdí la noción del tiempo durante horas frente al computador, en medio de todo tipo de emociones. La revisión y edición fue un proceso más técnico.

El protagonista experimenta sentimientos de terror, desolación y cuestionamientos éticos. ¿Qué tanto de esas emociones provienen de sus propias vivencias personales?

En lo personal, fui bendecido al no tener pérdidas cercanas. Sin embargo, es imposible desconocer esa inmensa preocupación que teníamos todos frente a una catástrofe global, con gente sacando sus muertos a la calle para no contagiarse. La indignación de ver cómo la pandemia sacó lo peor del ser humano, con escándalos de corrupción desmedida. La frustración por un tejido social descompuesto que fue llevando a Guayaquil del peor sitio durante el confinamiento a la ciudad más peligrosa del mundo en cuanto a muertes violentas. Justo cuando llegaron las vacunas del Covid-19, aparecieron los «vacunadores» que extorsionan a personas, negocios, y tienen a nuestra sociedad sometida.

En la novela se denuncia una corrupción impune que aplasta a la sociedad. ¿Qué espera que el lector reflexione al encontrarse con esa parte de la historia?

La historia tiene muchos temas que llaman a una reflexión profunda, entre esos la corrupción. Solo espero que el lector disfrute la narrativa y que de cierta manera se identifique con sus personajes. Si eso se logra, nos daremos cuenta de que los buenos somos más y hay esperanza.

¿Considera que su libro es también una forma de memoria histórica para las generaciones futuras sobre lo vivido en Guayaquil durante el 2020?

Definitivamente, Libra de Dragón es una novela histórica en todo sentido.

¿Qué lecciones cree que dejó la pandemia en la sociedad ecuatoriana y cómo esas lecciones aparecen reflejadas en su obra?

La memoria colectiva es muy débil. Viendo hacia atrás, parece mentira todo lo vivido durante a pandemia, hasta el punto de que ya nos hemos olvidado. Casi que ni aprendimos nada de ella. Por eso, espero que la novela sirva como un recuento del 2020. Para recordarlo. Un año que, en muchas maneras, cambió al mundo.

Esta es su primera novela. ¿Tiene planes de continuar escribiendo, quizá con una secuela o con un proyecto literario distinto?

No tengo planes aún. A veces se me cruzan algunas ideas, pero todavía no me quiero aventurar. Más bien, me encantaría ver a Libra de Dragón en la pantalla. Es una historia que se presta mucho para un proyecto audiovisual y creo que ese sería el siguiente paso que dar.

Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría dejarle a los lectores que se acerquen por primera vez a Libra de Dragón?

Algo que trato de practicar todos los días: nunca dejar de soñar.

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