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Las librerías y editoriales venezolanas sobreviven a duras penas en medio de una larga crisis económica

Las librerías y editoriales venezolanas sobreviven a duras penas en medio de una larga crisis económica

Las editoriales y librerías en Venezuela tratan de sobrevivir en medio de la larga crisis económica del país y a la altísima inflación mediante la venta de textos usados y de libros nuevos de algunos escritores locales, de acuerdo a trabajadores y agrupaciones del sector. Una crisis que ha afectado incluso al inicio del curso escolar según advertía hoy, lunes 1 de septiembre, el Presidente de la Cámara Venezolana del Libro, Julio Mazparrote, al comentar que el mercado de libros y útiles escolares avanza con una «gran lentitud» en las compras para el próximo período académico, que comienza el lunes 15 de septiembre.

Hace más de una década comenzó una reducción drástica en el número de editoriales, imprentas y librerías, cuando el Gobierno implementó el control de cambio, restringió las importaciones y reguló la distribución de libros de texto escolares. Aunque la actividad económica dio paso a una ligera recuperación con la dolarización informal en 2021 y 2022, el respiro fue breve y la inflación interanual a julio se ubicó en un 398%.

Muchas librerías en Caracas tienen ofertas limitadas, en su mayoría de segunda mano, y el número de clientes es bajo. Hace una década el gremio de libreros y editoriales del país tenía 110 afiliados, ese número se ha reducido a 25, dijo el Presidente de la Cámara Venezolana del Libro.

«El poco dinero que le ingresa (a la gente) es para adquirir alimentos», agregó Mazparrote, de 54 años, quien heredó de su padre una editorial de textos escolares, Biosfera. «El meollo es que no hay dinero para comprar libros», señaló.

La inflación devora los ingresos de muchos venezolanos, lo que hace que productos básicos como alimentos y medicinas sean muy costosos, incluso para aquellos con acceso a dólares.

Editoriales como la de Mazparrote fueron quizás las primeras en sufrir un duro golpe, cuando en 2011 el Ministerio de Educación limitó el uso de libros de texto de editoriales privadas en las escuelas públicas. Las escuelas públicas representaban alrededor del 80% del negocio de las editoriales de libros de texto, pero la colección de libros oficiales dejó de imprimirse en 2018, dijo Mazparrote.

De las 25 editoriales de textos escolares que existían hace 13 años, sólo quedan ocho, afirmó.

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