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La inauguración de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se convierte en un evento de resistencia política y cultural

La inauguración de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se convierte en un evento de resistencia política y cultural

Ayer, 24 de abril, se inauguró oficialmente la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, algo que a algunos como yo, que participamos de las jornadas profesionales de la Feria no deja de sorprendernos; no tanto por el acto de inauguración sino por la comunicación de las fechas de la misma, como si estas jornadas profesionales, estuvieran a parte de la Feria, no pertenecieran a este evento… Pero en fin, eso es harina de otro costal, y lo que importa es el acto de inauguración que, como no podía ser de otra manera, estuvo marcado por la importante carga política.

No es de extrañar que así lo fuera, para cualquiera que visita hoy Buenos Aires, y supongo que Argentina, es imposible evitar que le hablen o hablar de política. Y miren que se ha muerto el Papa Francisco y el domingo se juega un River-Boca… Pese a que muchos hubieran querido evitar ese momento la inauguración de la Feria cumplió con creces lo que se esperaba de ella, un acto en el que la palabra representa las ideas, en el que la diversidad de opiniones y miradas se hizo presente, en el que se demostró que los libros no solo cuentan historias o adornan estanterías sino que forman personas libres y críticas. Dicho esto, y en un mundo tan polarizado como el actual, lo suyo es que haya salseo en estos eventos. La Feria de Frankfurt nos tiene acostumbrados a ello, y, pese a ser la más importante del mundo no lo evita ─tampoco diría que lo potencia─, pero sí lleva con orgullo ser un lugar donde se discuten y expresan ideas en libertad.

Pero bueno, me estoy yendo demasiado por las ramas cuando lo que venía a hacer era contarles que ayer el gobierno de Argentina estuvo representado en la inauguración de la Feria del Libro por Leonardo Cifelli, Secretario de Cultura de la Nación, algo que en principio no debiera se noticiable pero que ahora sí lo es cuando el Gobierno, del que el señor Cifelli es un fiel servidor, tiene una cruzada abierta contra la cultura, una cruzada que trata de asfixiar a través de la violencia económica la forma de vida de los creadores y creadoras del país, de sus escritores y actores, de uno de los colectivos que hacen que Argentina sea reconocida en el resto del mundo.

Y, aunque volveremos a Cifelli, el acto de inauguración de la feria no fue arrancado por él, sino por Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro quien antes que nada quiso destacar que la Feria se realiza «gracias al trabajo sostenido y comprometido de editores, autores, libreros, ilustradores, distribuidores, imprenteros, diseñadores, periodistas, al sólido equipo profesional de la Fundación El Libro y, sobre todo, gracias a los cientos de miles de lectores que año tras año nos acompañan y hacen que la Feria sea este extraordinario paraíso cultural».

Rainone, que desde su nombramiento como presidente ha destacado siempre la importancia del diálogo con el Gobierno, de evitar la confrontación para buscar puntos de encuentro, hizo virguerías para no encender la llama en una platea donde se mascaba la tensión, pero sin evitar, muy diplomáticamente, reclamar beneficios impositivos y presupuestarios para el sector.

La paz iba a durar poco, y he de confesar que, en cierta medida, me alegré por ello; los discursos pueden ser lindos o soporíferos; un buen abucheo, silbada o el abandono general de una sala dejando al orador solo frente aun auditorio vacío tienen más épica, nos teletransporta a lo que, en mi opinión debiéramos ser, personas educadas. Educadas, por supuesto, en el pensamiento crítico, en libertad; no educadas en cuanto a mantener la compostura aunque se estén riendo de nosotros.

Cifelli ataca al sector editorial en su fiesta

Solamente con levantarse Cifelli ya llegaron los primeros abucheos. ¿Sorpresa? Ninguna. No creo que haga falta recordar los recortes y oprobios a la cultura y, de manera más concreta, al sector del libro que ha llevado a cabo el gobierno de Milei. Abucheos que se encenderían más cuando Cifelli hablara del «tono politizado y confrontativo» de las anteriores ediciones de la Feria… Inciso, recordemos que el año pasado el Gobierno, entre otras muchas otras medidas, retiró el apoyo a la Feria denunciándola como un espacio opositor a Milei (algo que, parece ser, el mayor de los delitos). Y que se convirtieron en cánticos de estadio de fútbol cuando el Secretario de Cultura de la Nación cuando acusó al sector editorial ─sí tal cuál lo leen, en su propia casa, en su propia fiesta, acusó al sector editorial─ de un descontrol económico que obligó al Gobierno a cerrar programas de subsidios porque «no contaban con las rendiciones de cuentas». Por cierto, «corrupto» fue lo más suave que se escuchó desde las butacas.

No obstante, Cifelli se debió sentir vitoreado por el público asistente, quizá la acústica a la inversa genere disrupciones en el sentido del mensaje ─no vayan a creer que es un provocador que se ha tatuado a fuego aquel «¡Ladran, luego cabalgamos!» robado a Goethe para atribuírselo a Don Quijote─, y en un arrebato de generosidad expresó su agradecimiento a Javier Milei y a su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia. Llegados a este punto, la indignación de gran parte del público alcanzó niveles tan altos que se entremezclaban las carcajadas con los gritos.

Una vez terminada la intervención del Secretario de Cultura, a la que le he dedicado más tiempo en esta crítica que el respeto al sector del libro en toda su intervención, llegó el turno de Jorge Macri, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a quien le bastaron dos frases para confrontar a su predecesor en el estrado «será momento de discutir en serio en nuestra Legislatura qué cosas son para algunos un gasto. Para nosotros, no tengan duda de que es una inversión». Macri  recordó que en la Ciudad la edición, distribución y venta de libros están exentos de Ingresos Brutos y los contratos editoriales no pagan Impuesto a los Sellos,; al mismo tiempo que anunció el envío a la Legislatura de un proyecto que prevé un alivio fiscal para las librerías.

Juan Sasturáin padece de un humor envidiable

Una vez terminada la parte más protocolaria (aunque suene a chiste llamarla así tras lo sucedido), del acto llego el turno del discurso principal a cargo de Juan Sasturain, exdirector de la Biblioteca Nacional. Sasturain. con humor y elegancia, llegando al final de su discurso de casi una hora, no quiso dejar atrás la posibilidad de aportar su punto de vista a la discusión política existente al decir que vivimos el tiempo de los sin vergüenza,

«En este caso, que uno haya escrito que acá (y se dirá que también por doquier) se viva hoy en el tiempo de los sin vergüenza –así, separado para enfatizar el peso de la carencia- no es un diagnóstico original ni novedoso». Y enumeró algunos síntomas para el diagnóstico precoz del sin vergüenza como «la pérdida de la capacidad de empatía, progresiva indiferencia hacia el otro que deriva hasta el no registro y el abandono»; «la agresividad creciente, en el registro verbal a través del insulto y la descalificación»; «la flagrante irresponsabilidad», «la megalomanía y la consecuente arrogancia»; «lindante con el ridículo»  así como «una penosa tendencia a la confusión conceptual. Así, en términos de la vida en comunidad confundirá la Patria con una empresa, el Estado presente con un árbitro ciego, los escrúpulos con una isla griega y –según la definición del sabio Gila-, la Economía con la econosuya».

Sasturain finalizó su discurso con una exaltación de la vergüenza «Mientras sintamos vergüenza habrá esperanza para todos y cada uno. La vergüenza es salud. Brindemos por eso». Un cierre que levantó fuertes aplausos.

Pero, la fiesta no terminaría aún. Un grupo de destacados escritores y escritoras entre los que se encontraban Enzo Maqueira, Selva Almada, Claudia Piñeiro, Sergio Olguín, o Liliana Heker, alzaron carteles con la imagen del historiador y escritor Osvaldo Bayer acompañados de una cita del mismo «ay que esclarecer nuestro pasado para que nunca se repita». Una acción de protesta por la demolición de un monumento a Bayer en Río Gallegos, ordenada por Vialidad Nacional en marzo de 2025. Un acto más de protesta que simboliza, con una frase que no puede decir más en menos palabras, el descontento del sector de la cultura con los ataques y ofensas continuadas que está sufriendo.

Sobre el Autor

Lorenzo Herrero

Acostumbrado a lidiar con departamentos de comunicación de España y América Latina un día decidió tomarse un descanso y dar el salto al mundo editorial enrolándose como Jefe de Ventas en una pequeña editorial española. Allí descubrió que las dificultades que había vivido como periodista en países en vías de desarrollo no eran nada al lado de la batalla que cada día hay que luchar para vender libros. El producto de ambas experiencias no podía ser otro que acabar en PublishNews como director escribiendo sobre el mundo del libro en español.

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