Seleccionar página

El nuevo editor de publicaciones

Rubén Barcelli

La cadena de valor en la creación de los contenidos —de supremacía digital en nuestro afiebrado presente— cuenta con una pieza clave: el editor. Más allá de la temática (ya sea periodística, editorial, mercantil, técnica o académica), también de la plataforma o del formato, su liderazgo durante este proceso de producción es esencial para que el producto aprisione un sentido preciso e inmanente, con lo cual posteriormente obtendrá relevancia y vigencia en el mercado.  

Manuel Gil y Manuel Gómez en el libro Manual de edición. Guía para estos tiempos revueltos (CERLALC, Bogotá, 2016), definen este ejercicio: 

Un editor normalmente se enfrenta a una multitud de tareas: búsqueda de autores y de títulos, negociación de derechos, lectura y edición de manuscritos, diseño de libros y coordinación de las labores de impresión, distribución y venta. También es imprescindible adoptar decisiones sobre distribución y canales comerciales, así como organizar el equipo editorial porque, aunque algunas funciones se pueden externalizar, hay muchas otras que conviene que formen parte del saber hacer de la editorial y de su activo como empresa: gestión de derechos, dirección editorial, traducción, corrección y edición de textos, maquetación, diseño editorial, producción, mercadeo y comunicación. 

Las responsabilidades del editor

Desde siempre, el editor ha sido el responsable de blindar la calidad del contenido, como también de dirigir un equipo conformado por redactores o autores, correctores de estilo y verificadores de datos, fotógrafos, diseñadores gráficos, artistas del dibujo y la ilustración y productores digitales y multimedia, entre muchos otros. Es quien dirige el trabajo con entusiasmo, disciplina y destreza; incluso de madrugada, entre pruebas impresas garabateadas —de cambios y ajustes sobre otros cambios y ajustes tachados con lápices, lapiceros y resaltadores de múltiples colores— y los estertores de la comida chatarra que fue su cena. Es quien apaga la luz cuando todos ya se fueron a casa, y quien llega primero al día siguiente —ojeroso y despeinado, inyectado de café cargadísimo— para iniciar un nuevo día de apasionado trabajo.

En el editor recae la responsabilidad de sacar adelante una publicación, de eso no queda duda. Parafraseando al poeta peruano José Watanabe: «Es el guardián del hielo», pero ya no solo del contenido. Sus funciones y competencias se han multiplicado. El editor es hoy en día, además, el primer comercializador. 

Sin descuidar su labor en el proceso del contenido, debe de estar en sintonía con el departamento comercial y sus objetivos en el corto, mediano y largo plazo. Debe actuar como nexo entre ambas áreas, relación tirante en la que las fricciones, desacuerdos y malentendidos son temas del día a día. Y debe de poder definir la estructura de costos de su cartera de productos, a la vez que contribuye en alcanzar las metas de ventas de los ejecutivos comerciales.

Para esto, debe de contar con conocimientos sobre marketing de productos y venta de espacios publicitarios; sobre las estrategias de posicionamiento y promoción online y offline; sobre la distribución en centros de alta lectoría, en locales abiertos y cerrados; y sobre procesos de impresión (presupuestos, tamaños, materiales y acabados), así como sobre herramientas básicas de InDesign, Illustrator y WordPress. 

Las necesidades digitales

En una época en la que las bitácoras digitales han dejado de ser insulsos canales de promoción (que fue como irrumpieron inicialmente en el surgimiento de la Web 2.0 y el e-commerce), para convertirse en plataformas prevalentes de contenido, el editor debe de liderar el desarrollo del social media y del marketing digital. Supervisar y controlar las acciones del community manager de su publicación multiplataforma, tan interactiva como hipervinculante, debe de estar también dentro de su campo de acción. 

Sobre esto, Gil y Gómez también nos iluminan:

La dinámica de transformación digital que actualmente están experimentando las editoriales supone el surgimiento de nuevas funciones: gestión de comunidades, producción digital, gestión de metadatos, mercadeo en entornos digitales, monitorización de interacciones en redes sociales, etc. Hay que insistir en este punto en que las editoriales del futuro, casi inevitablemente, deberán de tener un alto componente tecnológico en sus capacidades internas. 

Pues, aquella transformación ya se ha consolidado, acelerada sobre todo por las consecuencias sociales, políticas y sanitarias de la pandemia global del COVID-19. Nuestra vida cotidiana, nuestra forma de comunicarnos y nuestros comportamientos de consumo son otros y debemos de estar a la altura de las exigencias contemporáneas que nos impone la nueva cadena de valor. Y todo parte de reconocerse como un profesional en constante aprendizaje y evolución. 

El nuevo editor de publicaciones, integral y multiplataforma es el nuevo paradigma.


Rubén Barcelli es director de contenidos en Milojas. Editorial y Content Lab.

*Este texto no refleja, necesariamente, la opinión de PublishNews.

 

Deja una respuesta