El cierre de Librería Porrúa evidencia la crisis de espacios culturales en Chiapas
La capital de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, ha sufrido un duro golpe en su oferta cultural tras confirmarse que mañana, sábado 23 de mayo, cerrará definitivamente la sucursal de la Librería Porrúa, ubicada en la Avenida Central. El anuncio de la clausura fue acompañado de la liquidación de existencias por parte de la librería, encendiendo de inmediato las alarmas entre la comunidad estudiantil, docente y de lectores de la ciudad.
Esta pérdida agrava significativamente la vulnerabilidad de la infraestructura de lectura en una urbe que ya cuenta con más de 600,000 habitantes. Para una población de esta magnitud, los canales tradicionales de acceso al libro se han reducido a niveles críticos, dejando en evidencia las dificultades que enfrentan las librerías físicas frente al comercio electrónico y los altos costos de arrendamiento en las zonas céntricas.
Según los informes de la Asociación de Libreros Chiapanecos, tras la salida de Porrúa de la capital, el panorama comercial del libro generalista y de novedades queda prácticamente en manos de la Librería del Fondo de Cultura Económica (FCE) / Educal (en su sucursal José Emilio Pacheco) y la cadena comercial Sanborns.
Fuera de estos dos únicos espacios dedicados al interés general y a las novedades comerciales del mercado editorial, el resto de la oferta en Tuxtla Gutiérrez se atomiza en apenas tres locales pequeños de libros usados, seis establecimientos de temática exclusivamente religiosa y algunas papelerías con venta de textos escolares.
La situación de las librerías en Tuxtla Gutiérrez es extrapolable a todo el estado de Chiapas, que ha pasado de contar con más de 60 librerías a disponer menos de 20 en la actualidad. Esta crisis librera es en gran medida consecuencia de que el hábito de la lectura entre los ciudadanos chiapanecos es bajo. En promedio, en el estado de Chiapas se lee un libro al año por persona, de acuerdo al Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 del INEGI. No obstante, uno se pregunta si el hábito lector puede crecer sin esos lugares, bibliotecas y librerías, donde las personas y los libros se encuentran.
La desaparición de Porrúa en el corazón de Tuxtla no representa únicamente el cierre de un local comercial, sino la pérdida de uno de los escasísimos puntos de encuentro ciudadano orientados al libre examen de estantes, la promoción cultural presencial y el fomento a la lectura en el entorno urbano chiapaneco.