Diarios de la FIL 5. Un adiós que es un hasta pronto
Un día más, y les prometemos que es el último, Lorenzo Herrero, nuestro director, nos cuenta como se viven las ferias internacionales desde dentro. No son tan importantes las noticias, sino las experiencias. Publishnews y Publishers están en Guadalajara y Lorenzo nos cuenta esta aventura.
El doblar de las campanas
Como anoche me acosté pronto, hoy me he levantado tempranísimo. Me he duchado, he preparado mi maleta, he tomado mi último desayuno en México y, aunque podía no haberlo hecho, la inercia y una necesidad de finalización han dirigido mis pasos hacia la FIL Me alegro de ello, Cuando llego a Expo Guadalajara, me doy cuenta de que su fisonomía ha cambiado. Muchos estands ya no son lo que eran ayer, las jornadas profesionales han terminado, y la cantidad de niños, niñas y adolescentes que, uniformados, hacen fila para entrar, anuncian el final de mi FIL, el doblar de las campanas.
Las penúltimas despedidas
Me paso media vida tratando de mostrar seguridad en mi discurso, algo que puede parecer profesional pero al mismo tiempo de una soberbia asquerosa. Ustedes que me leen, ya me van conociendo, y esta FIL está siendo muy catártica en lo que respecta a esta máscara de invulnerabilidad. Sí, yo también necesito de esa reafirmación, de ese abrazo, de ese estoy contigo. Me encantaría tener más seguridades a las que aferrarme pero tras haber finalizado mi relación laboral con el Ministerio de Cultura de España convivo con el síndrome del impostor. Yo soy, y me puedo permitir hacer este trabajo que me apasiona gracias a personas como ustedes que me leen; y también gracias a esas otras, que son tan importantes en mi vida, que me quieren y me abren muchas puertas en estos eventos en los que siento que estoy de prestado, justificando y justificándome a cada rato mi presencia. Creo que me queda mucho trabajo por hacer, pero eso lo dejaremos para cuando encuentre un terapeuta.
Pero, por otro lado, odio ser un desagradecido, odio desaparecer sin más, me da miedo el ghosting profesional y emocional. Lo he sufrido y, aunque todos sabemos que muchas de estas relaciones personales que se construyen a través de encuentros profesionales se basan en la causalidad de compartir espacios, tengo la necesidad de despedirme, de citarnos en otra latitud, de dejar planes inconclusos para tener un próximo encuentro….
No encuentro a todos las personas de las que aún no me despedí y les querría mostrar mi agradecimiento, pero sí a aquellas incondicionales que tienen la capacidad de, conociéndome, perdonar mis gilipolleces y bajones. Os lo digo también por aquí ¡Gracias por tanto!
Creo que este consejo nunca lo he dado, cuando uno se embarca en una experiencia como la FIL tan importante como tener una amplia agenda de trabajo o unos objetivos marcados, es cultivar las relaciones personales. Al igual que siempre hablo de la gran fiesta, hay también días duros y una cara amiga, una sonrisa en el momento adecuado, nos ayuda a relativizar las dificultades.
El adiós
Ahora sí, digo adiós a la FIL, o ese creo. Me abro paso entre la multitud, si los días profesionales me parecía que la FIL tenía mucho movimiento, hoy, con los colegios y abierta al público es una auténtica locura. Camino del hotel y antes de ir al aeropuerto trato de hacer balance pero el cansancio no me deja pensar con claridad. Por un lado estoy contento, por otro triste; por un lado pienso que podría haberle sacado más partido a la FIL, por el otro creo que no he parado… He conocido personas maravillosas pero, ¿me he dejado conocer? Siempre digo que las ferias, los encuentros, el contacto personal es lo que más me apasiona de mi trabajo. Esta FIL no ha sido distinta, pero sí he de reconocer que llegué a Guadalajara con una carga emocional que creo que me ha pesado, y que no he sabido disfrutar tanto como en otras ferias, quizá por ser mi primera vez. Espero que, el año que viene, pueda enmendar estos errores y vivir una FIL más completa.
Rumbo al aeropuerto
Otro gran consejo es que, si no quieren perder un vuelo de vuelta, salgan con mucho tiempo de antelación rumbo al aeropuerto. El número de coches que hay en Guadalajara es una locura y los atascos están a la orden del día. Tardo una hora en llegar. Ahora solo queda esperar, aprovecho para ir escribiendo la newsletter de ayer, buscar unas camisetas para mis hijas y encontrarme con aquellos que, como yo, marchan de la feria hacia distintas latitudes.
Un duro viaje
La primera parada es en Dallas, allí termino de enviar la newsletter. Saldremos de Dallas con retraso y, ya rumbo a Madrid. En el avión no consigo dormir bien. Empiezo a notar aquello que todos comentan, de la FIL se vuelve enfermo. Tengo los ojos cansados, moqueo, toso… Y no traten de encontrar mi voz. Les pido disculpas, esta newsletter saldrá en sábado. Al llegar a Madrid mi cuerpo solo me pide abrazar a mis hijas y descansar.