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Diarios de Frankfurt 2024, 5. La feria se abre al público

Diarios de Frankfurt 2024, 5. La feria se abre al público

Durante los próximos días, nuestro director Lorenzo Herrero, nos traerá en esta sección una especie de diario de a bordo de su día a día en la Feria más importante del sector editorial.

Primer día sin equipo

Recuperarse del bajonazo de ayer producido por el final de la tensión de las entrevistas costó lo suyo. Hoy no he madrugado, he desayunado tranquila y copiosamente, me he despedido de Luis que parte rumbo a Jerez, y he marchado a la feria con mi ordenador portátil y la misión de seguir dando a conocer este medio a los presentes en la feria… Al llegar, ya se nota que es día abierto al público, colas en los accesos, mucho disfraz, mucho ruido… Nunca dejará de sorprenderme la pasión que despierta la feria entre la ciudadanía de Frankfurt.

Los últimos cafés de Colombia

Todo lo bueno se acaba, incluyendo el café de Colombia. Hay que terminar esos granos que a muchos nos han salvado la feria. Cuando llego al estand librería de Colombia me encuentro a Chaba en plena vorágine librera, existe mucho interés por el libro en español en Alemania, de hecho me comentan que se mueven cerca de 6.000 títulos al año en ese país, y es algo que se puede notar en el interés que muestran alemanes que chapurrean español y migrantes latinoamericanos y españoles que se acercan al estand. Ejerzo de librero improvisado, solidaridad obrera, viendo que Chaba, sin perder la sonrisa, se multiplica para cobrar, explicar que hay algunos libros que no están en venta, alabar el libro que un posible cliente tiene entre manos y, sobre todo, evitar que le roben los libros… Sí, en la feria también desaparecen muchos ejemplares, es algo que sorprende, pero con lo que ya todos contamos.

La vorágine

No he puesto este subtítulo en cursiva porque no me refiero a la obra de José Eustasio Rivera. Si alguien quiere experimentar la vorágine debería tratar de entrar en el pabellón 3.0, donde se encuentran las editoriales alemanas. No sé si porque soy un santo varón, un ser solidario, o porque me sentía en deuda por las horas pasadas junto al café colombiano; me ofrecí voluntario a llevar una obra de Cataplum Libros al estand de la Jugend Bibliothek (creo que se escribe así). Atravesar el ágora no resultó tan fácil como los días profesionales, sobre todo porque estaba abarrotada de jóvenes disfrazados de personajes de manga, pero lo peor estaría por llegar. Para entrar al pabellón había que hacerlo por una puerta lateral, el orden es clave en estos eventos masivos pero yo, ya cansado, no me arredré e intenté entrar por las puertas más cercanas enseñando mi pase de prensa. No funcionó. Total, me tuve que atravesar el pabellón completo entre sorrys y entschuldigungs, aquello era una vorágine, riadas de gente de lado a lado, y yo, sin saber dónde ir.

Las despedidas

Conseguido el objetivo encargado por María Fernanda Paz-Castillo, llego otra vez a mi zona de confort para despedirme de Carlos y Fernanda de Zebralution que marchan ya rumbo a México. Y parto en busca de una cervecería con más grifos que libros en la biblioteca de un neonazi en la que he quedado con Carlo Carrenho para comer. ¡Por fin, Carlo tiene un hueco! La cervecería es un lugar curioso, muy moderno, muy cool, pero su carta es la propia de un restaurante indio. Charlamos un rato, nos despedimos, el pone rumbo a casa, no sin antes conminarnos a un próximo encuentro.

Las cervezas de la feria

Me fumo un cigarrillo con Mercedes, la responsable de estand de México y dirijo otra vez mis pasos, cuál apóstol, a los estands de las delegaciones latinoamericanas, con la intención de seguir evangelizando sobre las bondades de este medio de comunicación, gratuito y maravilloso, que llega cada día a sus correos electrónicos. El cansancio ha hecho mella en todos, se nos nota en las caras… Hay que alegrar un poco el tema, y que mejor que compartiendo una charla animada con unas cervezas. Cuando me dirijo con Nico al puesto de cervezas se nos ilumina la bombilla, hay un supermercado dentro del recinto ferial. ¡Albricias! venden cerveza semifría (no crean que la venden helada en ningún lado), y a mitad de precio. La tarde está echada.

Los descolocados

La conversación gira en torno a los negocios, la literatura, la política de nuestro país… Bueno, también a los distintos insultos locales en español y su gradación, y descubro el significado de ‘rabón’ en Colombia… Me resultó raro, pero horas antes los mexicanos se partían de risa al escuchar la expresión «tiene un morro que se lo pisa».

En determinado momento la conversación gira a hablar de un tipo de personaje que nunca falta en este tipo de eventos: el descolocado. Los descolocados son aquellos que están en la feria, nadie sabe por qué, que se hacen los encontradizos, pero que no te los quitas de en medio ni con agua caliente y no hacen más que darte conversación e intentar apuntarse a todos tus planes. Son personajes en cierta medida patéticos pero que, al mismo tiempo, despiertan cierta ternura.. No obstante, yo he dejado a mis hijas con su madre, déjenme unos días libres de ser el cuidador de alguien.

La historia de un cargador

Si quiero ir a cenar, y lo que surja, no puedo volver al hotel. Los cantos de sirena de sus sábanas me atraparían. Mercedes me ofrece la bodega del estand de México para dejar la mochila de mi ordenador, algo que agradezco profundamente y marcho con unos compañeros en busca de una cena. Tras evitar la atractivísima oferta de cenar en un centro comercial… Chaba y yo nos dirigimos al hotel Maritim (qué recuerdos), para buscar al resto del grupo. Antes de entrar al hotel Chaba no encuentra su cargador de móvil, drama a la vista. Trata de entrar en la feria, sin éxito, y, de camino ya a la cena, para en diversos establecimientos en busca de un cargador. Tras probar varios en una tienda, finalmente encuentra uno que funciona con su móvil, o al menos eso dice ella.

Una cena relajada

Cenamos en un restaurante italiano un interesante grupo internacional (Chile, Colombia, Argentina y España), y pasamos un buen rato. Como representante español tengo que responder, seguramente mal, a las dudas del resto sobre una institución de mi país, la monarquía… Solvento la papeleta pero entiendo que no lo entiendan. Y, vuelve a entrar en juego el cargador. La famosa Ley de Murphy entra en escena. Chaba ha dejado cargando su móvil en un enchufe del restaurante y el resultado es que ha pasado de un 8% de batería a un 4%. Le presto mi cargador mientras apuramos las cervezas, espero que le sirva al menos para coger un taxi y llegar al apartamento. Parece que no hay plan, mañana es el último día de feria. Nos despedimos, la cama nos llama.

Sobre el Autor

Lorenzo Herrero

Acostumbrado a lidiar con departamentos de comunicación de España y América Latina un día decidió tomarse un descanso y dar el salto al mundo editorial enrolándose como Jefe de Ventas en una pequeña editorial española. Allí descubrió que las dificultades que había vivido como periodista en países en vías de desarrollo no eran nada al lado de la batalla que cada día hay que luchar para vender libros. El producto de ambas experiencias no podía ser otro que acabar en PublishNews como director escribiendo sobre el mundo del libro en español.

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