Diarios de Buenos Aires 3. Universo ampliado, edición reducida
Cuando empiezo estas líneas mis ojos lloran y me cuesta ver el teclado. No sé si seré capaz de terminarlas hoy para que mañana esta newsletter salga a una hora más temprana que el de hoy o simplemente me dejaré llevar por el ritmo excesivo de los días de feria. No obstante, ya que he empezado por el final del día, rematemos esa parte y vayamos en orden inverso.
Catarro e inhibidores
Llevo paseando una chaqueta a modo de complemento de vestuario inútil desde que llegué a Buenos Aires. Hoy decidí dejarla en el hotel. Resultado: Corre aire frío que se ha sumado a la potencia de los aíres acondicionados y me han dejado escribiendo en el hotel con los ojos llenos de lágrimas, la nariz moqueante y la garganta bastante maltrecha… Sobrevivir a las ferias del libro es difícil, tener que decir no a un trago con amigos que seguramente se vuelvan mañana porque te encuentras mal, más aún.
No obstante a este cuadro clínico que los médicos llamarían malestar generalizado hay que unirle otro malestar más centralizado: Internet no deja de cortarse en el hotel. Es cierto que la plaza de mayo está tomada por policía, que se están preparando muchas cosas en la catedral con motivo del fallecimiento del Papa… ¿Pueden ser inhibidores? Seguramente, no obstante las señales divinas, humanas y de red me están diciendo que, no hace falta ni que cene, me quede en el hotel esta noche a descansar.
Una inauguración accidentada, o no
La inauguración de la Feria del Libro fue el último aspecto del día antes de llegar al hotel, podría dar algunos detalles acá pero creo que, en mi estilo, ha quedado mejor reflejado aquí, mi tiempo le he dedicado así que aconsejo su lectura.
Medio sándwich de pastrón y un brindis
Hemos terminado el rodaje de las entrevistas, de hecho lo cerramos conociendo una editorial LGTBIQ+ chilena muy joven que se han atrevido a venir a Buenos Aires por primera vez, y con ese buen sabor de boca y con la ilusión que nos han transmitido les digo a los chicos que me apetece invitarles a unas cervezas cerquita de la feria. Nos dirigimos a un local de fachada azul que parece ser un restaurante judío, o al menos su logotipo es una sirena cuyo tronco es un señor con filacterias y barba espesa… Allí alguien me convence para compartir medio sándwich de pastrón (yo solo llego a la conclusión de que es pastrami), y, como estamos haciendo este diario al revés os habréis dado cuenta de que me vino de lujo tener algo de comida en el cuerpo, sin embargo, en su momento me resistí, no quería llenarme para poder cenar en un lugar bien rico. No obstante, he de decir que el sándwich me supo a gloria.
Por cierto, que no se me olvide, estoy encantado con el trabajo que han hecho los chicos. No sé si me leeréis, pero si es así, para ser vuestro primer laburo con contrato de por medio, no me quiero imaginar lo que haréis cuando seáis profesionales del cine. ¡Mil gracias!
Carrera de fondo
El último día de rodaje suele ser non stop. Grabas con aquellos que no pudieron venir a su cita porque surgió otra cosa; con aquellos que te dijeron que vendrían pero nunca confirmaron hasta hoy; o, también, con aquellos compromisos que van surgiendo durante la feria porque uno descubre personas y proyectos que quiere presentaros y que era imposible programar al no conocerlos aún.
El ritmo es bueno pero solo tenemos tiempo de comer un pedazo de pizza al ritmo de los tambores de Riyadh sentados en el estand.
Buenos días, Buenos Aires
Cada día, cuando desayuno, anoto esta frase tonta y hortera y a medida que va pasando el día me arrepiento de ella y no la pongo en el diario. Hoy, como lo hago al revés, finjo que me olvidé de quitarla. Por cierto, el cansancio se empieza a notar, las ferias son poliédricas, se juegan en diversos espacios y la habitación del hotel no suele estar entre los que ocupen más horas en ese encaje.
Buenos Aires amanece gris, no obstante, estoy cansado de pasear una chaqueta a modo de complemento de vestuario inútil todos los días. Además, luego es un horror dejarla por ahí, seguro que me la acabo olvidando. En esta ciudad el clima está siendo raro, aunque se levante nublado hace bastante calor acrecentado por la humedad ambiental.
De camino en el Uber charlo con el conductor sobre la belleza de esta ciudad y me da unos cuantos consejos. Mañana espero poder ganarle tiempo al tiempo y visitar un poco de Buenos Aires… Pero claro, eso será mañana.