Seleccionar página

Diarios de Bogotá 5. Un adiós que deseo sea un hasta pronto

Diarios de Bogotá 5. Un adiós que deseo sea un hasta pronto

Hoy toca preparar la maleta y armarse de paciencia y valor para las despedidas. Dejar Bogotá cada año me cuesta más. Pese a mi dificultad para orientarme en la ciudad, la cantidad de trabajo realizado, el nivel de estrés tratando de unir nombres y rostros, la cantidad de kilómetros realizados en Corferias, o la sensación de que los días son muy cortos y las noches aún más; cubrir esta feria siempre es una experiencia gozosa. Créanme si les digo que es mi feria favorita del mundo mundial (como diría Manolito Gafotas).

Ritmo lento

Mi avión parte para Madrid a las 21:30, con lo que, sin trabajo marcado, puedo detenerme a disfrutar de los pequeños momentos: mi último desayuno en la FILBo, mi última ducha en el hotel, mi última comida en Bogotá, mi último paseo por la Feria… Pero empecemos por orden cronológico, aunque me saltaré la última ducha porque no tiene ningún interés para ustedes salvo que trabajen para National Geographic, y vayamos al desayuno.

Aunque la fiesta de anoche fue especialmente buena y yo, como no podía ser de otra manera, la honré retirándome tarde, me levanté temprano, algo menos que estos días, y bajé a desayunar a eso de las 8 de la mañana. Hoy había muchas caras nuevas en el comedor, gran parte de los asistentes internacionales a las jornadas profesionales habían marchado ya, algunos rumbo a sus países de origen, otros rumbo a Buenos Aires, e incluso alguna personilla había decidido desayunar al alba para competir en una carrera de 10 kilómetros en Bogotá (algún día escribiré sobre los runners, pero no creo que sea este el medio). No obstante, como persona con mal despertar, y que le gusta observar discretamente, agazapado en una mesa, la danza de los seres humanos ante un bufet libre, pedí más café de lo normal y disfruté tranquilamente, por última vez, de una buena sopa de res que me levantaría el ánimo y el espíritu.

Como cada día saludé a Adriana, directora de la FILBo, y en esta ocasión, a modo ya de despedida, le agradecí la oportunidad brindada y me cité con ella en España; no olviden que el año que viene mi país será el invitado de honor de la FILBo. Quedamos en encontrarnos para disfrutar de una copa de vino y visitar algunas librerías madrileñas.

Regalos

Ya en la feria, desposeído de mi habitación y con la maleta perfectamente armada me dirigí a la feria para seguir despidiéndome. Al primer lugar al que acudí fue la sala de prensa. Allí me encontré con Juan Martín Fierro, jefe de prensa de la FILBo, que ha facilitado mi trabajo desde antes de aterrizar en Bogotá y a Catalina Roa, directora de comunicación de la Cámara Colombiana del Libro, un ángel hecho persona. Catalina, siempre detallista, me dijo que tenía un detalle para mi, y al saber que tengo dos hijas, el detalle se hizo extensible a ellas. Catalina, si lees esto, ¡Gracias! Manu y Caye ya han empezado a emborronar esas preciosas libretas. De quien no me pude despedir, ni siquiera conocer en persona, fue de Sofía Solórzano, jefa de prensa internacional de la Feria, la mujer con la que más mensajes de whatsapp me he enviado en esta última semana. Sofía, gracias por tu paciencia.

Más regalos

En esta Feria me he encaprichado de un libro, un libro infantil que trata sobre el trastorno del espectro autista, un libro escrito por Elsa Carrasco y Nancy Anaya con ilustraciones de Paco Baca, que ha editado Caballito de Acero, Cuenta conmigo. Este libro cuenta la historia de Arturo, un niño con autismo que ama el fútbol. Un libro que se que mis hijas disfrutarán y que les ayudará a comprender aún mejor, porque algunos de sus compañeros de clase se relacionan con ellas de manera distinta… Aunque ellas hace poco ya me dieron una clase magistral sobre el espectro autista.

Allí me despedí de Luis Alejandro, citándome con el en la Feria del Libro de Madrid,  y me esperaba la primera sorpresa del último día.

Friends will be friends

Le había visto a lo lejos en la inauguración, él iba con traje y yo dormido, no había tenido la oportunidad de saludarle y, aunque no me había olvidado de él, de hecho estaba más que convidado por Javier y por mi a la fiesta de Caín Press, no nos habíamos encontrado y ya pensaba que incumpliría aquella promesa realizada en un club de Frankfurt: «nos vemos en Bogotá». Pero no, su mano tocó mi hombro y al girarme me encontré con Felipe Martínez. Rápidamente nos abrazamos, conocí el estand de su distribuidora, Saga, y, como viejos conocidos fuimos a tomar unas cervezas y a ponernos al día. Estos encuentros de última hora siempre llenan el corazón.

Un ministro muy normal

El último día me depararía más sorpresas. Pasé a despedirme de Felipe González, editor de Laguna Libros que me había convidado a moderar una mesa redonda interesantísima y allí me tope de bruces con Juan David Correa, Ministro de Cultura de Colombia. Yo trabajo en el Ministerio de Cultura de España y me sorprendió la sencillez con la que él paseaba por la feria. Sin guardaespaldas, sin traje y corbata, sin ínfulas, charlando con la gente… Felipe me lo presentó, me dijo que vendría pronto a España y me comentó que estaba invitado a un panel en el estand de los editores independientes de Colombia. A lo mejor allá es normal, pero para mi no es lo más habitual charlar con un ministro tranquilamente.

Fútbol es fútbol

Mi última cita me ha fallado, no se lo puedo reprochar, la FILBo es la FILBo, el tráfico en Bogotá es imposible, así que, fútbol es fútbol. Igual que el amor por los libros no está reñido con la pasión por el perreo, este tampoco lo está con el amor por el fútbol. Por lo que aproveché la hora de la comida para ver al Real Madrid contra el F.C. Barcelona, aunque se me hiciera raro ver un partido casi solo, mientras comía… El cambio de horario mata la mística del deporte. Con la victoria blanca en la retina volví a la FILBo, parecía que no quería marchar y, en cierta medida así era, pero por otro lado ya empezaba a echar bastante de menos a mis peques.

Últimas despedidas en la Feria y un editor por descubrir

El tiempo corre inexorablemente, mi estancia en Bogotá toca a su fin. En un último paseo por los pasillos de los pabellones me despido de John Naranjo y me encuentro caras conocidas trabajando en la feria. Algunos son rostros sin nombre, los conocí anoche en medio de una fiesta. Sí, aquellos y aquellas que perreaban, cantaban y bebían conmigo, ahora estaban vendiendo libros o atendiendo estands como el de la Federación de Gremios de Editores de España. Como diría mi madre «el que es mayorcito para trasnochar, es mayorcito para madrugar y trabajar».

En esa última ronda de despedida, como uno es bien agradecido, voy al estand de Caín Press a felicitar a Toquica por el evento de anoche. Charlamos rato largo en una conversación en la que también estaba presente Dani Guerrero “Pantxeta», editor de Hammbre de Cultura, una editorial sobre gastronomía. Dani es todo un personaje, un catalán bogotano que no un catalán en Bogotá; con una editorial que solo vende a través de internet y que atesora varios Gourmand World Cookbook Awards. Podría decir mucho más, pero prefiero quedarme en el trailer, la historia que hay ahí es digna de una entrevista o un reportaje, no de un epígrafe en un diario.

Hasta pronto Bogotá

Ya sí, ya llega el final. Voy al hotel, recojo mis maletas, vuelvo a encontrarme con Adriana, me despido de ella. Me despido también de Aurelie que me ha gestionado un transporte al aeropuerto y que también me ha mimado mucho. Ya en el aeropuerto, compro dos camisetas para mis hijas, sí, soy el clásico padre y me pongo a pensar en los aprendizajes y experiencias de esta feria:

  1. No todos los colombianos se llaman Juan algo, aunque sí muchos de ellos. Pero si Javier se llama Javier no debes empeñarte en llamarle Juan.
  2. El caldo de res debería ser patrimonio inmaterial de la UNESCO y debería introducirse en todos los desayunos del mundo.
  3. En Colombia me siento en casa, la gente te acoge y te hace sentir uno de los suyos.
  4. El trabajo duro tiene su recompensa.
  5. Planificar el trabajo y contar con un gran equipo detrás hace que todo sea fácil. La experiencia laboral de este año supera a la del anterior gracias a incorporar a la ecuación en la que ya se encontraban Juan Camilo Rincón y Natalia Consuegra a David Roa de Extrarradio y, sobre todo, a Zebralution personificado en Carlos Rojas.
  6. Las ferias son lugares de trabajo pero también de encuentros, de amistades y alianzas perdurables en el tiempo que se forjan y crecen en estos eventos. Si tienen la oportunidad participen de ellas, pero no pasen por las ferias sin dejar que las ferias pasen por ustedes.
  7. El equipo de trabajo de la FILBo y de la Cámara Colombiana del Libro es un verdadero espectáculo que está haciendo crecer muchísimo la importancia del evento a nivel nacional e internacional.
  8. Se puede ser un amante de los libros y no tener que avergonzarse de perrear hasta el suelo, disfrutar del futbol o beber tequila.
  9. Las expectativas en las ferias han de ser comerciales. A veces los reencuentros, las citas, las cenas, las fiestas… aunque estén en tu calendario no pueden ser o serán otras. No merece la pena agobiarse por ello, si te cancelan o cancelas, forma parte de esto.
  10. De las ferias sale trabajo. Yo, personalmente, espero poder seguir haciendo crecer este proyecto y para ello tengo que coger el guante que organizaciones como la Câmara Brasileira do Livro me han lanzado  y plantarme en la Bienal de São Paulo, volver a Frankfurt, ir a Guadalajara… Pero además, me llevo en la maleta un montón de reportajes por hacer, entrevistas esbozadas, y un videpodcast que pronto verá la luz.

Epílogo 1

Hoy un hombre me ha vuelto a cachear, en el gusano de camino al avión nos han parado a todos los viajeros, un perro policía ha olfateado nuestro equipaje de mano y hemos sido cacheados. Lo ha hecho con menos cariño que la persona de seguridad de CocoMiel.vip. Aunque estés seguro de que no has cometido ninguna ilegalidad, es un momento tenso.

Epílogo 2

He llegado a la hora de comer, el vuelo ha ido bien y me lo he pasado entero durmiendo. Después he ido a recoger a mis hijas al colegio. Caye me ha abrazado, Manu lo primero que ha hecho ha sido preguntarme «¿nos has traído algún regalo?» Benditos Duty free y benditos vosotros editores de Cataplum Libros, de CLU editores y de Cabllito de Acero, habéis evitado una crisis de bíblicas dimensiones.

Deja una respuesta