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Diarios de Bogotá 4. La edición colombiana perrea hasta el piso

Diarios de Bogotá 4. La edición colombiana perrea hasta el piso

Amanece el último día de grabaciones del podcast en la FILBo. Como este año estoy siendo un santo varón sorprendo a propios y extraños inaugurando el desayuno del hotel tras levantarme a las 6 de la mañana. Es sábado y se nota en los ánimos, se ven ya caras cansadas entre los presentes en las jornadas profesionales, especialmente en todos aquellos que llevan ya dos días de reunión en reunión comercializando derechos.

La Feria de los cuidados

Desde que soy padre me fijo en cosas distintas y, al bajar a desayunar, me he sorprendido con una de las presencias más jóvenes de la feria, un pequeñajo de unos 20 meses con el cabello colorado que correteaba por allí, el hijo de Aurelié, la coordinadora de invitados de la feria. Un detalle que podría ser nimio pero que dice mucho del equipo coordinador de este evento. La feria es larga, cansada, demandante… Los equipos echan jornadas maratonianas y, claro, poder conciliar, poder pasar momentos con los tuyos en medio de esa vorágine, es un bálsamo en medio de ese duro trabajo. Un bálsamo que hace que nunca falte una sonrisa por parte del maravilloso equipo de mujeres liderado por Adriana Ángel Forero.

Desayunos potentes

Este año me he vuelto a afiliar al club del caldo de res para desayunar. Los que me leen desde España puede que piensen que estoy loco, pero no saben el efecto reparador de un buen caldo con su carne de res, su patata cocida y su cilantro… Una forma algo grasa, pero reconfortante, de empezar el día con energía. Sin embargo este cuerpo no se sostiene a base de caldo y cada día caigo preso de algún manjar típico como las arepas, los patacones, o algo más dulce como los mojicones… ¿Gula? Recuerden, estamos en feria, no sabemos cuando comeremos ni qué.

El dulce olor de la lluvia

Creo que no lo he contado pero al llegar a Bogotá me sorprendió que no lloviera, de hecho, en la FILBo siempre llueve. Pero si algo me dejó en shock fue que había restricciones de agua, desde la megafonía tanto en el aeropuerto como en la feria nos solicitaban que fuéramos responsables con los recursos hídricos. Las reservas de agua están bajo mínimos y hay cortes de suministro de un día entero que van por barrios. En estos días ya ha caído algún chaparrón, pero hoy parece que quiere llover con ganas y, aunque es algo que siempre incomoda en una visita a una feria como la FILBo, en esta ocasión se recibe con alegría.

Esconderse

Hoy, entre las 12:30 y las 14:30 tengo un parón en las grabaciones del videopodcast que, gracias a Zebralution, estamos realizando en la FILBo y que prontito verá la luz. Aunque  ame mucho la literatura, y quiera mucho a editores, autores y demás especies endémicas del sector editorial, también necesito un ratito de tranquilidad. Hago una llamada a una buena amiga con la que tengo que ponerme al día y combinó para comer juntos. Somos conscientes de compartir espacio y tiempo pero nuestras agendas son incompatibles así que pregunto en el hotel por una zona lo suficientemente cerca para poder ir a comer y llegar de vuelta a las entrevistas pero lo suficientemente lejos como para sentirnos, por unos instantes, únicos, lejos del bullicio y de los saludos protocolarios cada 3 minutos. Desde hoy Calle Bonita es sinónimo de spa.

La llegada del caos

Como era lógico, algo tenía que torcerse. Me hubiera encantado decir como George Peppard en el papel de Hannibal en El equipo A, «Me encanta que los planes salgan bien», pero es imposible. A la vuelta de la comida me empiezo a preocupar, una invitada al podcast no llega, una autora que venía a las 17:00 para cerrar las grabaciones presenta su libro a las 17:00 en una librería en la otra punta de la ciudad… Sudores fríos. Me he comprometido a entregar 20 capítulos, me faltan cuatro y ya no tengo más grabaciones. Bajo corriendo al pabellón de editores independientes donde Luis Alejandro de la editorial Caballito de acero acepta adelantar su entrevista sin ningún problema. Desde aquí, mil gracias. Y así, paso a paso, se va reconstruyendo el cronograma para que, finalmente, aunque casi una hora más tarde, todo salga bien.

Alegría

Tambores de libertad resuenan en mi cerebro. Objetivo cumplido, hemos terminado las grabaciones. Estoy cansado pero de subidón e invito a David Roa, productor, a tomar un «refresco» en el hotel para celebrarlo con la sanísima intención de estar cerca de la cama y evitar perderme, estoy teniendo una FILBo monacal pero…

Mi fama me precede

Al entrar al hotel David saluda a la escritora Catalina Navas que nos invita a tomar algo con su grupo: Lina, Alejandra y Javier (que tiene que ver mucho en esta historia). Finalmente decido cambiar el refresco por el cóctel de la feria, algo rico, con bolitas azules, lulo, y una banderita de Brasil en vaso largo… Hablamos de la Feria y, de repente, me siento el centro de los focos, no solo por mi acento español, sino porque soy Lorenzo, el del CutreHof… Los ecos de aquella noche habían llegado a oídos del sector editorial colombiano por boca de Felipe y de Chabela… Aquello ya era difícilmente parable, Javier, de apellido Beltrán, me pregunta que cómo no voy a ir a la fiesta de Caín Press en un local de nombre prometedor llamado Cocomiel.vip. Yo trato de hacerme el remolón pero la suerte está echada.

Una promesa regada en tequila

El grupo se va deshaciendo, David ya ha marchado, Lina también se va a casa… Pero en mi mente solo resuena una palabra: «fiesta». Así que, recuerdo que tengo una botella de tequila en la habitación del hotel, regalo de mi gran amiga y mejor agente editorial América Gutiérrez. Aunque mi intención es que esa botella vuelva a Madrid, no pasa nada por que falten unos tragos que sirven para sellar una amistad que comenzó hace escasos 10 minutos pero que desconozco dónde me llevará.

Una fiesta que es la polla con una polla que anima la fiesta

Cogemos un taxi y camino de Cocomiel.vip, en medio de un diluvio proverbial, vamos dejando a gente en sus casas, Alejandra se retira, Catalina se retira, y ya solo, con mi nuevo mejor amigo Javier, que ha prometido cuidarme, atravesamos Chapigay y llegamos a Chapinero a la puerta de la discoteca, garito, antro, no sé como definirlo… (Por cierto, no sé si esta correlación de acciones desde que llegué al hotel esa tarde está recomendado por las advertencias de seguridad del Ministerio de Exteriores de España).

Antes de entrar Javier, un hombre con un hermosísimo corazón, entrega a una persona en situación de calle que por allí andaba las sobras de la picada que habíamos tomado en el hotel y que él, de manera diligente, había pedido que pusieran para llevar. Al entrar al local, otra sorpresa, un señor de seguridad me cachea con esmero, hacía tiempo que un hombre no me tocaba así.

Javier me presenta a sus amigos y amigas, enseguida me siento uno más, aunque ya conocía a Lina (sí, la que se iba a casa), creo que nos faltan dos ferias para reconocernos como iguales, ambos somos personas con una voluntad de hierro que no cambiamos nunca de opinión ni aunque nos tienten con una fiesta…

La fiesta es loca, muy loca… Con un karaoke a micro abierto en el que descubro que Raffaella Carrá llegó a Colombia, aunque el concepto de vergüenza no (hay más gritos que notas en su sitio en casi todas las canciones), una dj polla, Piolinda Marcela, que anima la fiesta al ritmo de temazos y Toquica, editor de Cain Press cogiendo el relevo a los platos poniendo una selección musical maravillosa. Allí se congregan editores, libreros incluso autoras y autores de cuyo nombre no quiero acordarme… El reggeaton clásico, los tragos y el perreo hasta el piso unen más al sector editorial independiente, valiente y soñador colombiano en una fiesta más que una discusión sobre el precio del papel. Una fiesta grandiosa de la que mi abogado me ha recomendado no hablar más pero que guardaré en mi corazón esperando repetir el año que viene.

PD: Llegué al hotel a una hora prudente, las 4 y media de la madrugada, sano y salvo. Javier, mi ángel de la guarda cumplió su promesa, pidió un taxi (e incluso lo pagó, para mi). Él cuidó de mi y de ustedes, sin él, estos diarios de Bogotá adolecerían de ese secretismo que solo sus mentes perversas y ávidas de chisme están ahora tratando de rellenar poniendo caras y situaciones en un local de Chapinero.

 

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