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Diarios de Bogotá 1. La jornada interminable

Diarios de Bogotá 1. La jornada interminable

Fieles a nuestro compromiso con el mercado editorial, bien sea desde la revista Publishers o desde Publishnews, volvemos a estar presentes en Bogotá, en la FILBo como medio aliado internacional. Y, como no podía ser de otra manera tras los diarios de Frankfurt llegan, de la mano de Lorenzo Herrero, los diarios de Bogotá. En esta sección, el director de Publishnews irá desgranando día a día, sus impresiones y sensaciones en una de las ferias más importantes a nivel mundial del sector editorial en español.

La jornada interminable

Si bien esto lo escribo hoy, 17 de abril de 2024, creo que todo empezó ayer, aunque con la de horas que llevo despierto no se ya que es hoy, ayer o mañana. Y de hecho, me van a tener que perdonar las horas de salida de esta newsletter durante estos días de feria pero las 7 horas de diferencia se notan mucho a la hora de trabajar.

La jornada interminable arrancó la noche del 16 al 17 terminando de cerrar unas entrevistas que muy pronto podrán disfrutar en formato videopodcast gracias al patrocinio de Zebralution. Una noche de angustias y maleta y, también, de mal dormir, porque el despertador sonaría a las 06:00 y claro, las posibilidades de quedarse dormido son muchas…

Mi vuelo salió a las 9:40 de la mañana de Madrid, 10 horas y media de vuelo sin poder dormir, leyendo mucho pero sin poder dormir… Pero las maravillas de los husos horarios hacía que aunque al llegar a Bogotá ya llevará más de 14 horas despiertos el reloj aún no marcaba las 14:00.

Llegar a Bogotá es siempre una aventura, nunca sabes que clima te va a recibir, pero les resuelvo el enigma, calor tropical. Algo que, sumado al cansancio y al famosísimo mal de altura hizo que llegara al hotel en unas condiciones desastrosas, pero… la inauguración de la feria era a las 16:00, así que dos empanadas de carne, una Coca Cola y a seguir, no sin antes recibir los saludos de los sospechosos habituales que nos solemos encontrar en las ferias: América Gutiérrez, Carlos Rojas, Felipe González (ejerciendo de anfitrión), Nicolás Leyton, Santiago…

Como soy un profesional intachable me dirigí de manera diligente a la inauguración de la feria rechazando una invitación para ir a un partido de fútbol que se presentaba muy interesante y que hubiera sido mi primera vez en un estadio latinoamericano y, con ilusión llegué, no sin pasar diversos controles de seguridad, al salón donde daría inicio la FILBo.

La inauguración interminable

La ceremonia de inauguración de la feria despertaba grandísimo interés, era un momento muy emocionante ya que el presidente de Brasil Lula da Silva había anunciado su presencia y, junto a él, Petro, el presidente de Colombia. El auditorio se llenó rápidamente e, incluso, el pabellón externo en el que la feria iba a retransmitirla a todos aquellos que no tenían la suerte de tener la pulsera de invitación al evento.

Pero, pasó una noche, pasó una mañana, las 16:30… El público comenzaba a impacientarse. Pasó otra noche, pasó otra mañana, las 17:00, allí no aparecía nadie… Pasó otra noche, pasó otra mañana, las 17:45, recibo un whatsapp en el que me informan que ambos presidentes estaban ofreciendo una rueda de prensa en el hotel Hyatt… (inserten aquí el insulto que usted desee).

Finalmente llegaron, y los nervios se convirtieron en aplausos, aplausos propios de un mitin político, pero aplausos… La figura de Lula despierta una gran expectación. La inauguración fue larga, discurso tras discurso encabezados por una sucesión interminable de saludos a las autoridades que, siguiendo el símil bíblico parecía la enumeración de la genealogía de Jesucristo, cada discurso añadía 5 minutos de formalismos (ni confirmo ni desmiento que el sueño me pudiera en algún momento y diera una cabezada).

Al finalizar el acto y, pese a tener una agenda de planes grande que incluía cenas y algún que otro trago, finalicé el día de una forma indigna, impropia de mi, y que sé que ustedes no me van a perdonar. Tomando unas empanadas de supermercado con un zumo en mi habitación de hotel y metiéndome en la cama antes de las 21:00…

Prometo no volver a traicionar sus expectativas, el día 2 promete algo de salseo, aunque no sé a qué hora seré capaz de enviar esta newsletter…

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