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Coalición de Creadores Despreocupados

Coalición de Creadores Despreocupados

Un grupo de autores, en su mayoría estadounidenses crearon a finales de diciembre un grupo, a modo de lobby, llamado Coalición de Creadores Preocupados para exigir a Spotify más transparencia en sus acuerdos de audiolibros.

En su manifiesto fundacional expresaban que «Como autores y defensores de la comunidad literaria, estamos profundamente preocupados por la agrupación gratuita de audiolibros de Spotify en el Reino Unido, Australia y los Estados Unidos. Si bien reconocemos la accesibilidad y la comodidad que ofrece a los oyentes, nos preocupa que este producto pueda devaluar la forma de arte y perjudicar los medios de subsistencia de innumerables autores que dependen de las ventas de libros y de los derechos de autor de los audiolibros para mantener sus carreras creativas».

A continuación enumeran una serie de razones por las que los acuerdos de Spotify con las diversas editoriales, que incluyen al Bif Five, perjudican a la literatura y a los autores:

  • Hacer que los libros parezcan gratuitos devalúa el trabajo de los autores. Al incluir los audiolibros en una suscripción existente, Spotify está haciendo que parezcan gratuitos y compitiendo directamente con las ventas de las que dependen.
  • Todos los creadores se ven afectados. No es la primera vez que Spotify socava y exprime a los creadores. El streaming de música ha tenido un impacto devastador en los ingresos de los artistas. Desde músicos y podcasters hasta actores de doblaje, esta nueva vía de Spotify amenaza con devaluar la capacidad de todos los creadores para ganarse la vida.
  • No se ha consultado a los autores ni a los agentes. En una época de descenso de las ventas de libros, los derechos de audio son una parte crucial y creciente de los ingresos de un autor. Y, sin embargo, la concesión de licencias de más de 200.000 libros a Spotify se ha hecho sin ninguna participación de autores y agentes literarios. Estos acuerdos se negocian a puerta cerrada con las principales editoriales, sin transparencia en cuanto a las condiciones para los autores.
  • Los anuncios en los audiolibros son inevitables y peligrosos. Con la inevitable introducción de anuncios en el streaming de audiolibros por parte de Spotify, el gigante tecnológico exprimirá aún más los beneficios de los consumidores al tiempo que aumentará los precios para aquellos que puedan permitirse pagar más para evitarlos, y cambiará fundamentalmente la relación de las personas con los libros. Este puede ser un punto de no retorno para la industria literaria.

Y, como colofón, La Coalición de Creadores Preocupados exige que Spotify suspenda el producto y entable conversaciones significativas con los autores y sus representantes para abordar sus preocupaciones, recabar opiniones y encontrar soluciones en colaboración.

Ante este movimiento caben muchas preguntas, pero la principal es ¿quién detenta los derechos de las obras que Spotify está produciendo y ofreciendo como audiolibros a sus suscriptores? La respuesta, vistas las negociaciones es clara, las editoriales. Entonces, ¿no son las editoriales dueñas de negociar los derechos de adaptación a audiolibro como ellas buenamente consideren?

Las razones que esgrime esta coalición resultan bastante peregrinas. La suscripción de Spotify da derecho a 15 horas de audiolectura gratuita, algo que queda muy lejos de hacer que los audiolibros parezcan gratuitos. Es bastante probable que tras este periodo gratuito los suscriptores de Spotify deseen pagar por terminar la obra o incluso se acostumbren a escuchar audiolibros ampliando el número de lectores.

En segundo lugar, las referencias a la música son también bastante desacertadas. Antes de Spotify y los servicios de streaming de música, campaban a sus anchas las descargas P2P a través de Napster o Emule que no dejaban ningún rendimiento a los creadores ni a las discográficas. De hecho, si algo han hecho estos servicios de streaming es ampliar el rango de autores musicales a los que el público de determinada región tiene acceso, limitando, en cierta medida, el poder publicitario extremo de las grandes discográficas. Esto, llevado al mundo del libro podría significar un pequeño paso en favor de la bibliodiversidad tan manida y nombrada.

Con respecto a los anuncios, no hay mucho que decir. Todavía no hemos comprobado si llegarán los anuncios al streaming de audiolibros. Pero haremos otra similitud con una otra industria creativa, en este caso la audiovisual. Cuando ves una película o una serie en un canal lineal gratuito sabes que habrá pausas publicitarias. Si no las deseas porque no quieres que cambie fundamentalmente tu relación con las películas y las series tienes la opción de pagar una suscripción en una plataforma y ¡oh!, comprarte el DVD de la película. Sí, no se sorprendan, el hecho de que un libro este disponible en formato audio en Spotify no excluye la posibilidad de comprar un libro en papel o en formato digital.

Por otro lado, ¿tiene alguna lógica la creación de esta coalición? En mi opinión, no, salvo que lo que busquen estos autores sea una relevancia que de otra manera no tendrían. Cuando uno confía en una editorial para publicar y gestionar su obra, delega en ella las decisiones. La lógica indica que, ante la falta de transparencia que explicitan estos autores, las quejas, dudas y preguntas fueran dirimidas entre autores y agentes y sus editoriales; cada uno con la suya. Estamos en pleno siglo XXI, los contratos editoriales ya incluyen los derechos de adaptación tanto audiovisual como a audiolibro u otros formatos. Hay autores que los ceden, otros que se los reservan. Si las editoriales, repito, son quienes tienen esos derechos, serán las propias editoriales las que tengan que informar a los autores del monto en concepto de derechos que le corresponden por la escucha o disponibilidad de sus obras en Spotify, cada uno según los porcentajes negociados en sus contratos de edición.

No entender esto, significa estar fuera del mundo en el que supuestamente trabajas. Cogerse una rabieta a estas alturas de la película, en mi opinión, solo refleja una falta de interés anterior, por parte de los autores y una falta de profesionalidad por los agentes. Personalmente creo que este grupo debiera ser rebautizado como La Coalición de Creadores Despreocupados. Despreocupados a la hora de firmar un contrato editorial, despreocupados por los futuros escenarios de la literatura y del libro, despreocupados por su relación con su editorial.

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